Alexis Díaz-Pimienta recita su poema "Una niña infeliz y octogenaria 1936"

El pasado 28 de Enero fui invitado para presentar a mi amigo, el poeta Alexis Díaz-Pimienta en su lectura del ciclo Poesía en el Palacio (Palacio de los Patos-Granada), al final Alexis me sorprendió con la lectura del poema que hace tiempo dedicó a mi abuelo y a mi madre... y a mí. Escuchar el poema en la voz de mi querido amigo Alexis, fue emocionante, muy emocionante.
Por gentileza de Silvio, otro amigo habanero, aquí os dejo el poema de Alexis Díaz-Pimienta recitado por él mismo. video

Verdad, Justicia y Reparación

El domingo 22 de Noviembre me encontré a un grupo de personas pidiendo: verdad, justicia y reparación. Me uní a ellos y tuve la oportunidad de decir bien alto el nombre de mi abuelo: JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO, fue un alivio y un bálsamo escuchar su nombre y el de otros y otras que cómo él murieron sólo por defender el mundo en el que creían, después leí el poema que Alexis Díaz Pimienta nos escribió, me emocioné, lloré y me sentí arropado y sentí que yo arropaba a los demás... antes hice estas fotografías. VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.




Una niña infeliz y octogenaria

Este es el poema que mi amigo Alexis Díaz-Pimienta nos ha escrito.
En nombre de nuestro abuelo, nuestra madre y de todos los que, con amor, hacemos el esfuerzo de recordar a otros: Gracias, gracias, gracias.



Una niña infeliz y octogenaria

Yo hasta los nueve años fui la niña más feliz del mundo…
Carmen Sánchez



I

Cuando sonó el disparo Carmen estaba en lo más alto,
saltando a la comba,
y 74 años después no ha descendido todavía.
Desde allí, desde lo alto, con una pierna adelantada
y otra recta, Carmen llegó a la adolescencia,
se casó, tuvo hijos, enviudó, tuvo nietos,
y ahora parece una rareza familiar
ver a la abuela así, suspendida en el aire.
Desde lo más alto de la comba
la niña Carmen vio cómo los guardias civiles
se llevaban a su padre, que iba fumando
un cigarrillo, tan tranquilo.
Desde lo más alto de la comba
la madre Carmen vio crecer a sus hijos,
vio nacer a sus nietos.
Desde lo más alto de la comba
la abuela Carmen sigue oyendo el disparo
pero ya no se asusta, y no deja de saltar,
y no le dice nada a sus hijos y nietos,
porque teme que ellos dejen
de darle a la comba, y caer, desde esa altura,
con todo el peso de sus nueve años,
sobre las heridas de su padre.


II

Mateo va a cumplir dentro de poco
la edad con que mataron a su abuelo.
Mateo tiene sal en el pañuelo.
Mateo es él también y ellos tampoco.

Mateo va a cumplir cuarenta y siete
y siente los disparos (o el disparo).
Mateo ante una estatua se ve raro.
Mateo a no escarbar se compromete.

Mateo le hace fotos al olvido.
Mateo colecciona partituras.
Mateo toca píldoras de oído.

De tanto envejecer, a estas alturas,
Mateo no es Mateo. Siempre ha sido
el padre de su madre en horas duras.


III

Mateo realmente es el que agita
la comba en la que Carmen salta y salta.
Y mientras ella está en la parte alta
Mateo es quien atiende a la visita.

La niña-madre-abuela necesita
que no pare la comba, le hace falta.
Desde arriba la sangre no le asfalta
el rumbo hacia su estatus de viejita.

Ahora que el tiempo mancha, tinta, unta,
Carmen (risa traviesa a ras de cielo)
canta y juega y responde y no pregunta.

Mientras toda Granada sigue en duelo
Mateo da a la comba en una punta
y en la otra, José Sánchez, el abuelo.


IV

Con todo el peso de sus nueve años
Carmen Sánchez Carreño ha permitido
que Mateo rescate del olvido
desazones de todos los tamaños.

Se sientan madre e hijo como extraños.
Mínima grabadora. Cero ruido.
Ella, toda memoria; él, todo oído,
y escarban en los bienes y en los daños.

El llanto le humedece el crucifijo.
No fue un simple disparo, fue una bomba.
Graban madre y abuela, nieto e hijo.

Fotos en blanco y negro. Llanto en tromba.
Tenía nueve años, ya lo dijo,
y aún sigue en lo más alto de la comba.


Con todo mi cariño: Alexis Díaz-Pimienta
1 de mayo de 2009

Un árbol en lugar de una estatua











Propuesta para el Valle de los Caídos

A José Sánchez Castillo


La piedra dura no sabe la peste.
Los hombres que escarbaron en la tierra
escombran la espalda quebrada del general.

Valle, lugar de flores, donde banderas se alzan
victoriosas: paso alegre de la paz
sobre el río escuálido de voces amortajadas.

Con la cartuchera del Generalísimo
un camafeo para una costurera
que se dejó la vida en un arcén.

Con condecoraciones y con insignias
un sonajero, con las charreteras
birretes para autómatas de feria.

Y con los fajines morados, cintas
de balcón a balcón, de calle a calle.
Con la piedra, piedra molida,
como fertilizante. Con un cartel que diga:
aquí yacen los hombres y la infamia,
durmieron juntos bajo la losa del dictador.



ALFONSO SALAZAR



Coincidiendo con el 70 aniversario de la muerte del poeta Antonio Machado en Coilloure (Francia) tras cruzar la frontera huyendo de las tropas franquistas, se ha editado en Granada, dentro de la colección Romper el cerco, el libro UN ÁRBOL EN LUGAR DE UNA ESTATUA. Casi todos los textos reunidos son inéditos: sus autores, sufragando la publicación, manifiestan el deseo de que el Ayuntamiento de Granada debata la conveniencia de mantener en la plaza de Bibataubín una estatua que, glorificando un saludo bajo el cual fueron asesinadas millones de personas en Europa, ofende cada día la conciencia de la sociedad civil.
Los autores son:
Alfonso Salazar, Juan Carlos Abril, Javier Benítez, Marga Blanco Samos, Javier Bozalongo, Nieves Chillón, Trinidad Gan, Luis García Montero, Juan Andrés García Román, Rogelio López Cuenca, Mariano Maresca, Erika Martínez, Ángeles Mora, Gracia Morales, Justo Navarro, Andrés Neuman, Rosendo Palma, Andrea Perciaccante, Milena Rodríguez, Daniel Rodríguez Moya, José Carlos Rosales, Fernando Valverde y Álvaro Salvador. El diseño es de Juan Vida.

... de memoria lo cuento IX

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.

Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.


Respuesta - Y eso… Que ya está… Que nada más que eso… Que yo nunca a mis hijos les he querido contar nada…
Pregunta - ¡Pues más tonta has sido!
R- No, porque decía: “Yo no quiero intervenir… Influenciarlos… En mi manera de ser… En lo que yo pensara…
P- … Pero… Mamá, cada uno es cómo es, y si somos como somos ahora… Es por lo que hemos vivido… Tú y yo estamos… simplemente haciendo un ejercicio de memoria, para acordarnos de las personas que queremos, porque ¿Si tu no te estuvieras acordando ahora del que fue tu padre… mi abuelo? ¿Quién se iba a acordar de él?... Porque ¿Si no lo hacemos ahora? Afortunadamente el abuelo está registrado en esos papeles del cementerio, pero es que hay criaturas que los fusilaron, se los quitaron de en medio y borraron absolutamente el rastro de ellos sobre la tierra…
R- … borrados… borrados… Yo… desenterrar a las personas a los setenta y tantos años… no sería yo de esa opinión… de desenterrar a nadie, pero… yo, yo hablo por mí…
P- Nosotros sabemos dónde puede estar, pero otros… que están en las cunetas…
R- ¡Ah! Bueno… ¡Eso sí! Eso sí lo veo normal, pero otros como mi padre que deben de estar debajo de todo eso, ¡Que vete tú a saber dónde están!, porque si yo supiera que estaba en una cuneta o en cualquier sitio… ¡Hombre! Claro que sí, en un caso así sí, en un caso así sí…
P- Es que yo quiero saber tu opinión, tú eres la hija de quien estamos hablando, porque… además en el caso del abuelo sería absolutamente imposible, imposible de identificar, sería imposible su identificación ¡Si hay allí dos mil o más… uno encima de otro… con cal encima! Que después se han removido, dicen que en los años sesenta fueron a parar directamente a vertederos… sería imposible… ni aunque quisiéramos. Bueno… vamos a hablar de tu infancia… del colegio…
R- Pues eso que te conté, que llegué a la hora del colegio y le dije a la maestra: “Mire usted que yo quiero venir al colegio” y me preguntó que porqué no venía mi padre o mi madre, y le dije: “Porque mi madre no sale y porque mi padre se ha muerto” y me preguntó que dónde estaba antes y le dije que en Pinos Puente pero que nos habíamos venido a vivir a la Calle Elvira y yo quería seguir viniendo al colegio, me dijo que ahora mismo y le contesté que tenía que decírselo a mi madre, porque había venido yo sola a apuntarme… y al otro día pues empecé a ir al colegio, era en plena guerra cuando nos vinimos… cuando tiraban las bombas… nos bajábamos corriendo por la calle esa que hay bajando para abajo, y el Café Americano, en los bajos, en los sótanos, es dónde nos escondíamos de las bombas.
P- Si ¿Al lado del Gobierno Civil? ¿Dónde hay ahora una tienda de teléfonos?
R- Eso es, en el Café Americano, un edificio que hace esquina en redondo, y en los bajos es dónde nos refugiábamos con la maestra… con todas las chiquillas por delante…
P- Cuéntame lo del colegio de Las Tablas para que no se nos olvide.
R- Que el colegio no tenía tapia, que eran tablones a todo alrededor, las clases ahora son las mismas, en particular la que hay al lado de donde cogemos el autobús de Pulianas, es la misma, le han añadido y lo han hecho más grande, pero esas aulas son las mismas… las mismas, y está y estaba al ladito de La Normal… y claro… pues bajábamos por la Calle Tinajilla y nos escondíamos en El Americano… cuando era en el colegio, y cuando nos pillaba de noche o por la mañana temprano, pues nos escondíamos en los sótanos de la casa de la Calle Elvira, me acuerdo que D. Francisco, el padre del cura… que también se llamaba D. Francisco, pues el pobre hombre, que era ya muy viejecito, ¡En calzoncillos se salía el hombre! ¡Pero lo primero que se ponía era el sombrero!
P- ¿El sombrero de cura? ¿El cura?
R- No, el cura no, ¡El padre del cura! Jajá, jajá.
P- ¡En calzoncillos pero con sombrero! Jajá, jajá.
R- Claro, porque lo tenía siempre a los pies de la cama, le decía Aurora: “Padre, quite usted el sombrero de los pies de la cama” y decía este hombre: “Que no, que no, que eso es cómo si fuera mi compañero, ¡Deja mi sombrero donde está! Es que era ya muy abuelito, pero un hombre muy bueno, lo recuerdo muy delgadito… pero me acuerdo de él ¡En calzoncillos, con el sombrero, con la chaqueta echada por encima, bajando al sótano!
P- Serían calzoncillos de aquellos largos… ¿No?
R- Sí, de aquellos de pantalón, hasta los tobillos.
P- Y aquí en la escuela esta ¿Bien?
R- Sí… cuando me preguntaban por mi padre, pues les decía que había muerto de pulmonía, cómo me dijo mi madre que dijera, se extrañaban que hubiera muerto tan joven de pulmonía.
P- ¿Y con las niñas no hablabais de eso? ¿Había más niñas en tu situación?
R- Nada, nada, de eso no hablábamos, cuando ya terminó la guerra, ya si vino la hermana del cura, que era Dª. Virtudes, que son estas que yo conozco… las del estanco… las Molina, que son mis amigas esas que están en todas mis fotografías… las Molina. Pues vino esta mujer, Dª. Virtudes, que venía de Almería, que le pilló la guerra allí, que al marido lo mataron los rojos… pues esta mujer se llevaba muy bien con mi madre, muy bien, muy bien… y yo con las niñas lo mismo, y nunca sacábamos a colación nada de nuestros padres… y ¡Mira que lo hicieron mal con el padre de esas niñas! Al padre de esas niñas fueron aquellos militares, que el padre de ellas era militar, pues fueron que los llevaron lejos, lejos del puerto y les ataron sacos de cemento en los pies y los tiraron vivos… a la mar.
P- Si, se hicieron barbaridades…
R- ¡Los tiraron vivos a la mar! ¡Y menos mal que tenía un asistente! ¡Porque la mujer es ciega!... con: Elena, Loles, Paco, Manolo, Pica y Juanita ¡Con seis hijos! La Juanita recién nacida… dándole el pecho la mujer… y se quedó con seis hijos en Almería y sin familia ninguna, el asistente que tenía el marido… que era un muchacho de Almería fue el que las cuidó a las niñas y a ella, iba todos los días, les procuraba comida de dónde fuera… ¡Ellas han comido cáscaras de patatas, cáscaras de naranja!... de buscar en los calderos de basura en las puertas, eso me lo han contado ellas, ahora están muy bien, porque han estado cobrando una buena paga por el padre.
P- Porque el padre era militar, militar de la zona nacional… porque es lo que hemos hablado antes, que tanto mal lo hicieron en una zona cómo en otra… pero un sitio… en un lugar… en un lado de la balanza, afortunadamente recuperaron su memoria y los honraron… y en el otro lado…
R- Claro, ella después cuando ya vino aquí a Granada, cobraba una buena paga, y a las dos hijas que se han quedado solteras… que todas tienen carrera, a la Loles que era de mi edad, que es maestra de escuela y se quedó soltera, y a Juanita… pues las dos cobraban la paga del padre cuando murió la madre, aparte de sus sueldos por sus trabajos.
P- ¿La paga de la madre de viuda le quedó a las dos hijas?
R- La paga de la madre… ¡Si ellas mismas lo decían! A mi me decían Carmencita, y me decían: “Carmencita, es una injusticia que tú tengas que estar trabajando para vivir tu madre y tú, y que nosotras con una carrera y ganando un buen sueldo… tengamos encima una paga”… Ellas mismas me lo reconocían.
P- Pero eso ya lo hablabais de mayores, ¿De niñas no?
R- No, de niñas no, lo único es que yo pasaba muy malos ratos porque claro, como decían que los rojos eran tan malos… que estaban en el infierno quemándose… pues yo tenía unas pesadillas… por las noches… yo veía a mi padre alzando las manos… pidiendo… como decían eso, pues… unas pesadillas… unas cosas.... Y eso que te estaba contando antes, que con nueve años me vino la regla y a los doce años se me quitó.
P- ¿Y eso?
R- Y estuve… cerca de dos años sin la regla, entonces pues como no había médicos… vamos… que no había Seguro, pues el Carmen de la Cruz que le dicen, que es por ahí por la Calle Zenete, yo no sé si existirá todavía el Carmen de la Cruz
P- Pues no sé… en el Zenete hay muchos Carmenes, pero no sé a que te refieres.
R- Pues… ahí venían muchachos que estaban estudiando medicina, y a la gente que no teníamos medios ningunos, pues pasaban visita… pero eran estudiantes, entonces me hicieron unos análisis… yo no sé cómo me hicieron los análisis… ¿Si entonces había análisis o era porque te veían…? El caso es que yo tenía anemia y estuve muchísimo tiempo que iba y ellos mismos me proporcionaban las medicinas y ellos mismos me las ponían… me llevaba mi madre… al Carmen de la Cruz.
P- ¿Era el primer Carmen que hay en la Calle Zenete?
R- Pues no sé, sólo sé que subíamos cuestas.
P- Y sobre que año fue eso, porque si antes vimos que con nueve años te vino por primera vez la regla… esa Navidad… ese invierno, y dos años después se te retiró… justamente cuando acabó la guerra.
R- Pues más o menos en ese tiempo, cuando acabó la guerra, porque estaba yo muy delgada, muy delgada, cómo en esa foto que digo… Ya estábamos en la Calle Elvira… con poca comida… sin comer.
P- El cuerpo se regula… cuando…
R- Y me dijeron eso, que era una anemia muy grande, muy grande, y me pusieron inyecciones, pero que ellos mismos las traían.
P- ¿Quién pagaba esas inyecciones? Porque vosotras no teníais dinero ¿No?
R- No… ellos mismos las proporcionaban y me las ponían, iba mi madre conmigo y me las ponían, eran estudiantes… que no eran médicos, eran estudiantes y se dedicaban a eso… a lo mejor luego han sido eminencias… vaya usted a saber si luego han sido buenos médicos, pero que yo no me acuerdo de nombres ni nada, nada más que eran muchachos jóvenes, y ya está. Si me acuerdo que cuando vino mi hermano al terminar la guerra, pues mi hermano me decía a mi “el gatillo”, porque yo vine a los muchos años en la casa… y mi hermano Antonio me llamaba así: “¿Dónde está el gatillo? ¿Dónde está el gatillo? Porque yo era muy mimosa, muy pegadilla a ellos… y me decía “el gatillo”, y cuando vino mi hermano dijo: “¿Pero qué es lo que habéis hecho con el gatillo? Pero ¡Cómo está! ¡Si está encanijado!... porque estaba muy delgada, muy delgada… vestidita de negro… toda enlutada… con las trenzas… con los lacillos de las trenzas negros… mucha cara de tristeza… y decía eso… eso si me acuerdo de mi hermano Antonio.
P- Es que esa época fue la peor…
R- Fue una época muy mala, muy mala. Decía mi hermano Antonio… porque comíamos muchas verduras: espinacas, en el tiempo de los boniatos… boniatos… eso es lo que comíamos, compraba mi madre un cuarto de litro de leche… y ¡Fíjate tú la gente que estábamos! Y decía mi hermano: “¡Madre! ¡Trae la hoz! Mi madre le decía que no había… que no éramos del campo, y él le decía: “Es que voy a segar todo lo que he cagado” Jajá, jajá… porque decía que no había cagado nada más que verde… es que mi hermano era muy guasón, lo mismo que mi hermano Pepe era más serio, más formal… Antonio era muy cachondo, eran opuestos. Antonio era mecánico, todo el día con su mono, él iba con su mono muy orgulloso a todos lados.
P- Mamá ¿Tú te acuerdas de haber visto manifestaciones o algo así en el pueblo? Cuándo te llevó el abuelo a ver a D. Fernando de los Ríos ¿Te acuerdas de algo de esto?
R- No, también el abuelo me llevaba mucho al campo, a la media luna que hay allí en Pinos Puente… por dónde está la Virgen de las Angustias, la media luna le decían, que ahora creo que es por donde viven los gitanos de Pinos Puente, por ahí me llevaba mucho mi padre de paseo.
P- No te preguntaba si el abuelo te llevaba a otras manifestaciones o así, quería saber si te acordabas tú de eso, o de tumultos, de manifestaciones por lo de las elecciones… porque ¿En Pinos Puente no quemaron iglesias, ni cosas así?
R- No, que va, que va, ni mucho menos… lo único que sí recuerdo del colegio cuando… cuando la República, cuando pusieron aquella fotografía con la mujer aquella con el gorro ese… colorao… que quitaron el crucifijo.
P- ¿En la escuela?
R- Sí, con la bandera… ¿Y con el pecho fuera? De eso sí me acuerdo algo.
P- ¿Y cómo lo llevaban los maestros eso?
R- Pues no sé… con esa edad… yo hasta los nueve años fui la niña más feliz del mundo… en mi casa había perros, había gallinas, había conejos, jugábamos mucho con los animales… a mi padre le gustaban mucho los animales, teníamos dos perros, uno que se llamaba Toni y otra que se llamaba… la perra Loli.
P- ¿Loli? ¿Cómo tú hermana?
R- Toni y Loli… uno Toni por mi hermano Antonio y la perra por mi hermana Lola, pero al Toni lo mató un carro, porque entonces lo que había por las calles eran carros, y se quedó cojo…
P- ¿Y a la Loli?
R- A la Loli… pues se murió de vieja, porque ya era muy vieja, muy vieja, pero que todos los años traía perros… pero que yo ¡Lo mismo que veía perrillos, dejaba de verlos! No sé lo que harían con los perros… Jajá, jajá… yo lo que sé es que los veía chiquiticos y luego no… Pero tengo una fotografía con mi perro Toni.
P- Sí, sí que me acuerdo de esa fotografía.
R- Pero que en esa fotografía tengo la cabeza cortada, porque no me gustaba cómo estaba yo en ella.
P- Me acuerdo que lo dijiste alguna vez… creo que en la fiesta de tu ochenta cumpleaños, que te lo echaron una vez los Reyes o te lo regalaron en Nochebuena.
R- Sí, pero que yo veía perros chicos y luego ya no les veía más, a mi no me daba nadie explicaciones...
P- Y luego, cuando murió el abuelo ¿Ya no había animales?
R- Ya no había nada… ¡No había ni macetas! Ya te he dicho que me acuerdo que echó mi madre las persianas… las tres persianas de los balcones… y allí no salía nadie a regar las macetas. Yo entonces no entendía, a lo mejor si hubiera sido más grande, a lo mejor hubiera salido yo a regarlas… pero…
P- Se acabó tu mundo…
R- … íbamos a vender el jabón, y a mi hermana cómo le daba vergüenza… me mandaba a mí, me decía que subiera y ella me esperaba abajo… para coger el dinero, ella llamaba y preguntaba si querían jabón, y ya nos decían que subiéramos… íbamos mucho por el barrio Fígares y por todo eso ¡Nos veníamos andando desde Armilla hasta la calle Elvira! ¡Con lo que pesaban los cestos! Que eran cestos de esos de mimbre.
P- ¿Y por qué desde Armilla?
R- Porque en Armilla era dónde nos lo daban, nos lo vendían.
P- Ah, claro.
R- Íbamos a Armilla, nos daban el jabón y nos veníamos hasta la calle Elvira con diez o doce kilos de peso, diez o doce kilos de peso cada una, uno cada una y otro entre las dos con la otra mano libre, y luego con trapos puestos por encima para que no se viera, porque era de estraperlo ¡Eso era estraperlo! ¡Era estraperlo!
P- ¿Contrabando?
R- Estraperlo era cómo le decían… y claro, yo subía a las casas, con aquella carilla que tenía… y me decían: “¡Niña, que no dejes de venir la semana que viene! ¡Bonica, que no dejes de venir! Que se ve que les daba lástima o lo que fuera, pero, oye que ¡Vendíamos el jabón cómo rosquillas! Que cuando llegábamos a la calle Elvira guardaba mi hermana un pedazo para lavar nosotras, porque no se enteraba ningún vecino de lo que hacíamos, no se enteraba ningún vecino del trapicheo que nos traíamos…
P- ¡Pero las canastas si las verían!
R- Las canastas si... pero cómo las llevábamos vacías… nos traíamos el jabón justo que sabíamos, porque mucho nos lo encargaban de semana en semana, íbamos los sábados… que es cuando yo no trabaja en el Taller… o cuando no tenía colegio, y cada semana pues nos lo tenía más o menos encargado.
P- ¿Y en la casa quien compraba o cocinaba? ¿La tita Lola?
R- Cocinaba la abuela.
P- La abuela era quien gobernaba la casa…
R- Y yo era la que traía los mandados.
P- ¿Y la tita?
R- Pues la tita, pues las cosas de la casa… lavar, fregar, que entonces había que fregar de rodillas, teníamos pila, teníamos pila en la cocina pero no había agua.
P- ¿Y en la calle Elvira dónde ibais a por el agua?
R- A la placeta de la Cuna que había un grifo público de agua potable.
P- ¿A la entrada de la calle Elvira?
R- No, en la placeta de la Cuna
P- ¿Cuál es esa placeta?
R- Pues dónde se ensancha la calle Elvira, que hace cómo una placeta, que ahí es dónde antiguamente estaba la Casa de la Cuna, y ahí había un pilar.
P- Entonces ¿No estaba muy lejos?
R- No, no, de ahí traíamos el agua, y cuando ya se vinieron el padre y la madre de los primos a vivir al Albayzin, pues la tita Lola se fue con ellos, y ya nos quedamos la abuela y yo solas, porque ellos tuvieron una muchacha que se llamaba Encarnita que les hacía las cosas de la casa, pero cuando empezaron a venir niños y estaría la cosa más achuchada, pues se fue y dispusieron que para tener una persona de la calle, pues que se fuera la tita con ellos, y ya pues vivía allí, dormía y todo, y entonces estábamos la abuela y yo solas. Yo le traía a mi madre cuando venía por la tarde del trabajo… por la noche, pues le traía todo el agua que necesitara para todo el día, para guisar y para beber, porque abajo en la casa había una alberca muy grande y allí se cogía para lavar, para fregar y para todo, pero había que había que bajar abajo a los patios… unos patios muy grandes con unas escaleras muy pendientes.
P- ¿Dónde cocinabais en la calle Elvira?
R- En la cocina…
P- ¿Con leña? ¿Con carbón?
R- Con carbón ¡Que cuando nació tu hermana Maria Carmen todavía guisaba yo con carbón!
P- ¿En una hornilla económica?
R- ¡No! ¡Allí era una hornilla muy chica! Que metías el carbón y el torción… ¡yo me acuerdo!
P- Y el carbón ¿Dónde lo comprabais?
R- Pues en todos los sitios.
P- No te preguntaba yo ¿Dónde? Sino ¿Cómo? Porque no había muchos dineros…
R- Jajá, jajá… pues resulta que cuando nació Maria Carmen… por eso me acuerdo, pues cuando nació todavía guisaba yo con carbón, porque una noche a la niña le dio un cólico y se puso a llorar y a llorar… y me dijo mi madre que le hiciera manzanilla, que era lo mejor para eso, y yo me puse: encendí el torción… encendí el carbón… sopla que te sopla… que empezó a chisporrotear… hirvió el agua… le hice la manzanilla… Y cuando le llevé a la niña la manzanilla… ¡La niña se había dormido! Jajá, jajá
P- Jajá, jajá… que hoy en día la metes en el microondas… Jajá, jajá
R- Jajá, jajá… y entonces me compré un infiernillo que era con alcohol, que ese infiernillo lo tiene tu hermano Javier, que le gustó y se lo di yo, que lo tienen de adorno en la cocina, y el infiernillo tiene un depósito con alcohol y una mecha, y le dabas a una ruedecilla y eso en un momento estaba encendido, y para una manzanilla o para una cosa de esas era muy rápido… pero en los primeros tiempos… Me acuerdo que en mi casa en Pinos Puente había un quinqué maravilloso que era de mi abuela y que no sé que habrá sido de él. También me acuerdo que en la calle Elvira había una placa de mármol, entre las dos ventanas… entre la ventana del cura y la nuestra, la de Aurora y la nuestra, pues había una placa que ponía: “Aquí se inauguró el Fomento de las Artes el dieciocho de junio de mil ochocientos ochenta y dos”.
P- ¿El Fomento de las Artes?
R- Sí.
P- Pues ya que estamos con las artes ¿Qué más libros recuerdas del abuelo?
R- Pues ya te he contado que le gustaba mucho que leyera en El Quijote y por eso leo tan bien, que siempre me lo han dicho… que me acuerdo que el cura este D. Francisco cuando hacíamos el mes de María en la casa de él, porque su hermana Aurora era un primor la muchacha, que es la que estaba con él… y con el padre, ya cuando el padre murió se quedaron los dos, y cuando murió el cura se metió ella a monja de Cristo Rey… y sé que ha muerto hace poco… y… ¿Qué iba yo a decir? ¡Ah! Del cura, que cuando hacíamos el mes de las flores en la casa… Aurora hacía un altarico muy bonito, ponía la Virgen… le poníamos flores… y cuando lo hacíamos, D. Francisco siempre me ponía a mí a que leyera y decía: “¡Hay que ver esta niña con lo lista que es, cómo está perdiendo el tiempo sin estudiar!... pero ¿Cómo estudiaba?
P- Bueno mamá… pero lo has hecho de mayor.
R- Sí, pero que este hombre me decía que leía muy bien, que pronunciaba muy bien
P- Seguro que es porque el abuelo te leía ¿Te acuerdas cuando te leía?
R- Pues por las noches.
P- ¿Y que te leía?
R- Pues los periódicos, cómo le leía a mi madre el periódico, porque mi madre no sabía leer ni escribir, pues a mí también, que me acuerdo que cuando estaba en el calabozo me decía: “Que le sigas leyendo, que le leas a tu madre los periódicos y que le leas las novelas” Que a la abuela le gustaban mucho, que se las traían y cuando ya juntaba todos los cuadernillos, que eran por entregas… que me acuerdo de otra que se llamaba Los huerfanitos, pues cuando ya las tenía todas pues las encuadernaba, bueno, las llevaba a que se las encuadernaran, y yo y mi padre se las leíamos y se las releíamos, la pobre mujer pues no sabía leer y le gustaba mucho que se las leyeran, y yo todas las noches pues le leía un capítulo, porque mi padre me enseñó a mí a leer y a escribir, cuando yo fui al colegio, yo ya sabía leer y escribir. El padre de los primos quería que yo estudiara con él, que yo me examinara por libre y me sacó hasta los papeles…
P- ¿La matrícula?
R- Sí, para que yo estudiara por libre, pero… ni él tenía paciencia… y yo me echaba a llorar… y a mi madre le daba lástima de verme llorar y mi hermano, el padre de los primos daba un puñetazo en la mesa, porque me quería enseñar y yo… yo ya me echaba a llorar, y mi madre se metía por medio…
P- Y antes… ¿Con el abuelo?
R- Pues me hacía que leyera con él un cuento que venía con aquel periódico… con El Imparcial, me hacía que lo leyera, me ayudaba a leerlo…bueno él me ayudaba a que lo entendiera, porque había cosas que yo las leía de carretilla ¿No? Y él me ayudaba a entenderlas, porque yo me distraía… que si la madrastra… que si uno… que si el otro… Y el me lo explicaba: “Que esta es hija de esta… que este es el padre de…” Y me ayudaba a entenderlo, porque yo lo leía como una niña… de carretilla.
P- ¿Y el abuelo o la abuela cantaban?
R- La abuela si tenía muy buen oído
P- ¿Te acuerdas de escucharla cantar?
R- … Cancioncillas de esas… se las cantaba a Mari Carmen cuando la quería dormir, que fue cuando ella empezó a espabilarse un poco, a partir de que hubo un niño chico dentro de la casa… fue que la abuela se espabiló un poco… sí.
P- … se animó un poco ¿Hasta cuando tuvo luto la abuela?
R- Toda la vida, hasta que se murió… murió de negro, ya ves… que los delantales me empeñaba yo en hacérselos… a lo mejor… de listillas blanquillas y negras, y no los quería, me decía que no le hiciera ese delantal, que lo quería negro.
P- ¿Y el abuelo no cantaba?
R- No, no me acuerdo, pero el abuelo era muy cachondo, muy divertido… mi madre era más seria… mi madre era más seria.
P- ¿La tita Lola si cantaba?
R- Bueno… un poco.
P- Es que creo que me he confundido, que os he escuchado alguna vez decir que quien cantaba bien era la tita Dolores, la hermana de papá.
R- Sí, ella sí, cantaba muy bien, en todas las procesiones… cuando salían las procesiones y cuando se encerraban cantaba saetas ¡Era que se te ponían los vellos de punta de bien que cantaba! ¡La tita Dolores sí que cantaba bien!

… continuará

Vda. de D.José Sánchez Castillo

Toda una vida de luto y la única vez que apareció el nombre de la abuela cómo viuda junto al nombre de su marido fue... en su propia esquela.

... de memoria lo cuento VIII

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.

Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.

Pregunta - Entonces, de la noche a la mañana todo cambia… pero pienso que habría gentes que no, que aunque que a lo mejor no pueden saludarte… pero si te echan una mano, y a la familia vuestra alguna os la echaron. ¿O no? Cuando me contabas que fueron a buscarte, a buscaros para daros los jabones…
Respuesta - Pero eso fue a la tita, sí, sí, porque Espadafor colocó a mi hermana en la fábrica de gaseosas, para lavar las botellas, pero… cómo mi hermana era… así… tan vergonzosa.
P- ¿La tita Lola?
R- Si, la tita Lola… pues pasaba muy malos ratos, porque le daban bromas y ella nunca había salido a la calle a trabajar… mi prima y yo teníamos que traer el agua de la calle… que antes nos la traían a la casa… y teníamos que ir con los cántaros a la fuente a por el agua, y escuchábamos: “¡Mira, mira tú! ¡Ves, mira, a por el agua a la fuente!... y claro, yo era chica, pero me daba cuenta. 
P- ¿Y por qué lo del agua?
R- Pues, porque no había agua en la casa, sólo había agua para gastar para fregar y todo eso, pero agua para beber…
P- ¿Pero antes si teníais?
R- Teníamos porque venían y nos la traían, y ahora teníamos que ir nosotros.
P- Claro, eso era una afrenta ¿Y cómo esas?
R- ¡Cómo esas muchas!, la tita decía: “Yo no voy, yo no voy, yo no voy a por agua ¿Yo con el cántaro en la cadera? ¡Yo no voy a por agua!” y decía mi madre: “Pues yo si que no voy que soy tu madre, tienes que ir a por agua” y claro… mi prima y yo las pobres… íbamos las niñas… Al final, íbamos mi prima y yo, mi prima tenía tres años más que yo y yo tenía nueve años, y yo decía: “¡Con razón me duele aquí!... claro, con el cántaro en la cadera, que ¡Desde el Puente de la Virgen a Las Eras, a la calle… ahí donde está… donde vivían los primos de niños!, pues ¡Fíjate tú si había trecho! Y a lavar, venía una mujer a lavar a la casa, y después lavábamos mi prima y yo, y me acuerdo que un día, ya que teníamos los calcetines lavados, los calcetines míos y de mi prima y medias de mi hermana y de mi madre, y ya que los teníamos lavados ¡Cogí los calcetines y los tiré por la acequia abajo! Mi prima chillaba: “¡Ay! ¡Que no tenemos otros que ponernos! Y yo le decía: “¡Que no quiero calcetines negros! ¡Que no quiero calcetines negros! Jajá jajá…
P- ¿Por el luto?
R- ¡Claro!, jajá jajá… y me acuerdo que se metió la pobretica de mi prima por la acequia abajo buscando los calcetines y las medias, y todas las mujeres que había allí lavando mirando a las dos chiquillas, mirando lo que traíamos liado, ¡Porque yo no quería calcetines negros! ¡Me descomponía yo de verme con los calcetines negros! Y luego ¡Hasta las primeras medias me las puse negras!
P- ¿Y de qué más cosas cómo esas te acuerdas? De que te hicieran el feo, o que de pronto cambiara la gente con vosotras.
R- Pues cambiaron de la noche a la mañana, yo tenía mi íntima amiga… que era Maruja Sánchez Diezma, que vivíamos así… el Ayuntamiento por medio y la farmacia aquí… D. Guillermo, que era el padre… y de la noche a la mañana… pues ibas al colegio, te sentabas en el pupitre, y mirabas para un lado y mirabas para el otro… y te encontrabas sola… que no te encontrabas a nadie…
P- ¿Y ese hombre era el farmacéutico?... que supongo era una persona culta…
R- Y en mi casa, pues ya te digo, yo creo que tendría que haber máquina de escribir, yo no me acuerdo bien, pero tendría que haber porque a mi casa venía la gente para que les escribiera mi padre cosas a máquina… tendría que haberla, es que no me acuerdo, no me acuerdo. De la radio sí, porque estaba yo delante cuando vinieron a llevársela, y alcanzaron todos los cuadros, nos tiraron todos los cuadros abajo y les levantaron las puntillas para ver si entre las láminas de los cuadros y los cartones había algo escondido, a ver si había algunos papeles. De eso si me acuerdo, ¡Vaya! ¡Cierro los ojos y es cómo si lo estuviera viendo ahora!
P- Claro mamá, porque eso impresiona a una niña, eso impresiona…
R- De ver todos los cuadros por allí tirados, que mi madre tenía muchos cuadros de santos, era la casa llena… de esos cuadros grandes de: San Antonio, de la Virgen del Carmen, de la Inmaculada, de San Pascual… ¡La casa llena de santos!
P- ¿Y también el de Pablo Iglesias?
R- También tenía mi padre de Pablo Iglesias… y… quemar mi madre… papeles… y quemar cosas… en el patio de la casa, en un caldero de… de esos de zinc, que eran los calderos que entonces había… ¡Allí sí vi yo quemar…! ¡De eso si me acuerdo yo! El padre de los primos y mi madre quemando de noche papeles en el caldero…
P- ¿Papeles? ¿Libros?
R- Yo recuerdo papeles, de eso si me acuerdo… porque… cómo a mi me echaban…
P- ¿Pero eso fue mientras el abuelo estaba ya en la cárcel? ¿O después de haberlo…?
R- Después, después. Porque cómo a mi me echaban… “¡Niña! ¡Que te vayas para allá, que tú no tienes aquí nada que ver!... Pero cómo me gustaba mucho escuchar y enterarme de las cosas… Pues yo me asomaba a una ventana que daba al patio y los veía a los dos allí quemando cosas… papeles de mi padre… se liaron y lo quemaron todo… porque daba miedo, además mi hermano estaba aquí de soldado, en Granada… y era muy comprometido, él hizo su mili en Sevilla, pero cuando la guerra lo volvieron otra vez a recoger y estuvo otra vez de soldado, entonces por lo menos se hacían dos años de mili, pero luego lo llamaron otra vez.
P- ¿Y amigos del abuelo que después vinieran…?
R- A la casa no vino nadie.
P- ¿Nadie?
R- Nadie… no.
P- ¿Y antes de que lo mataran? ¿Mientras que estaba en la cárcel?
R- Antes sí cuando estaba en… que se fue a la sierra sí…cuando se fue a la sierra sí venían amigos…
P- ¿Compañeros del trabajo?
R- No, del trabajo no
P- … ¿Amigos de él?
R- Vinieron dos, uno… un tal Zamorano y otro un tal Manolito…
P- ¿Manolito? ¿Te acuerdas del apellido?
R- No, Manolito y Zamorano, le decían: “Que te vengas hombre, que te vengas, que te vengas, que no sea usted tonto Sánchez”… que le decían de usted “Que no sea usted tonto Sánchez, si usted no ha hecho nada, lo único: que ha faltado al trabajo, que lo único es que está denunciado porque ha faltado usted al trabajo”… y el abuelo decía: “¡Es que no estoy de acuerdo! ¡Y cómo no estoy de acuerdo!”… y faltó al trabajo, y la denuncia fue por eso: por faltar al trabajo, pero ¡Cómo eran los que se querían quedar con el puesto que iba a ocupar mi padre! Pero que ya te digo… que… que lo pasamos muy mal, muy mal… ¡Yo lo pasé muy mal!... porque… eran amigas… la Virginia Sánchez Osuna, que es la tía del que hace ahora los nacimientos en Pinos Puente.
P- ¿El que hace los nacimientos?
R- Si, un belén muy grande que se mueve…
P- ¿Y cómo os organizasteis mamá, cuando el abuelo ya no estaba? Porque… ¿la comida, por lo que hemos visto en esas listas que hacía el abuelo, la compra del diario, la pedía él y os la llevaban a la casa? ¿Qué era una tienda? ¿Un almacén?
R- Una tienda, Los López, unos amigos de mi padre.
P- ¿Eran amigos del abuelo? ¿Te acuerdas del nombre?
R- No… ¿Pepe López…? ¿Antonio López, Manolo López? Todos tenían tiendas de comestibles en el pueblo.
P- Entonces allí era donde comprabais, esas listas son… allí lo encargaba el abuelo.
R- Iba mi padre y les llevaba la lista.
P- ¿Y cuándo el abuelo ya no estuvo?
R- Pues cuando el abuelo ya no estaba, lo poco que había en la casa se fue gastando… íbamos al perreteo de todas las mañanas, decía mi madre: “Mira niña, tráete medio kilo de papas, un cuarto litro de aceite… y así…
P- ¿Pero por qué? ¿Por qué ya no teníais dinero o por qué no os lo daban?
R- Porque ya no había dinero y ¡Quien iba a sacar cosas para luego no pagarlas!
P- Y en aquella época bancos… ¿El dinero en la casa? ¿No?
R- En la casa, lo poco que había se gastó y gracias a que los tíos del primo, el tío Miguel y el tío Pepe que estaban en Córdoba, cómo sabían que nosotros hacíamos matanza todos los años, pues nos hicieron una matanza ellos, nos la mandaron ya hecha embutidos, los jamones, el tocino… ¡Se portaron muy bien!
P- ¿Entonces aguantasteis ese invierno?
R- Ese invierno ya lo pasamos más mejor… luego ya la tita se colocó en la fábrica de gaseosas, yo hacía calcetines para los soldados.
P- ¿Hacías calcetines? Eso no me lo habías dicho ¿Cómo?
R- De punto, me hacía todas las tardes, cuando venía del colegio al medio día me hacía uno y por la noche me hacía otro y eran a un real o no se cuento que me lo pagaban, o te daban huevos…
P- Y eso ¿con qué edad era?
R- ¡Con diez años! Hacía calcetines, y luego cuando nos vinimos ya aquí a Graná pues las tías de mi prima cosían ropa para los soldados y a mí se me ha dado siempre muy bien hacer los ojales… desde niña.
P- ¡Porque has hecho muchos!
R- … muchos.
P- ¡Me imagino! ¡Porque uno no nace sabiendo hacer ojales!
R- Porque hacía vestiditos para las muñecas de las niñas y se los vendía.
P- ¡Ah! ¡Acabáramos! ¡Entonces sí!
R- ¡Pero eso desde que tenía ocho años! Y claro, vosotros no lo sabéis, pero antes los soldados llevaban unas polainas muy estrechas con muchos botones… y cuando salía del colegio ahí en Las Tablas… pues tendría… pues diez años, si… diez años, me iba yo a casa de la tía de mi prima que cosía para los soldados, ropa para los soldados en la Calle Mesones, que era donde íbamos a entregarla, y por las tardes le hacía yo los ojales a las polainas ¡Fíjate tú con lo que hacíamos los ojales de las polainas!, que nos daban las tiras de recortar las telas, que eran montones y montones de ropas de soldados, pues nos daban las tiras, y después de ahí sacábamos hilos y con ese hilo hacíamos los ojales, que era hilo del mismo color.
P- ¿Pero la tela de la ropa de los soldados es muy dura?
R- Una tela ¡Durísima! ¡Que te hacías las manos polvo para sacar el hilo y hacer los ojales!
P- Porque sería loneta de esa que aguanta muchos lavados.
R- Y al final, hacía yo una pila de polainas todas las tardes antes de irme a mi casa, salía del colegio y me iba directa allí.
P- ¿Dónde es allí?
R- A la Calle Fuentenueva que es donde… donde vivía la abuela de mi prima.
P- ¡Ah! Allí hacías las polainas y luego te ibas a tu casa.
R- … y hacía calcetines…
P- Otra fuente de ingresos…
R- Claro, porque cada una arrimábamos en lo que podíamos, mi madre la pobretica no salía a la calle.
P- ¿Por qué?
R- Porque no queríamos nosotras… con cuarenta y ocho o cuarenta y nueve años…
P- Yo te preguntaba, porque… salir a trabajar, entiendo que no saliera, pero salir a la calle a otra cosa…
R- Tampoco, nada, nada, nada.
P- Eso es lo que te preguntaba, te preguntaba por eso, lo de salir a trabajar entendía que no.
R- Nada, bajó las persianas y se secaron las macetas, no salía ni al balcón ni a regar las macetas… echó las persianas y las persianas no se levantaban.
P- ¿Pero ni siquiera a la calle para ir a misa?
R- Nada.
P- Porque me dijiste que los domingos iba a misa. ¿Ya no fue nunca más a misa?
R- Nada, nada, nada
P- ¿Nunca más?
R- Hasta que nos vinimos a Graná, en Graná si.
P- Pero, ¿Nunca más en el pueblo?
R- No.
P- ¿Ni una sola vez?
R- Ni una sola vez. Por eso, porque cómo lo estábamos pasando tan mal y de todas formas nos teníamos que buscar la vida de alguna forma… pues por eso fue venirnos a Graná, buscó mi hermano esa casa que pagábamos veinticuatro duros.
P- ¿Veinticuatro duros?
R- Sí… ¿Ciento veinte pesetas?
P- No sé, pero creo que sí… ciento veinte pesetas.
R- Y ya está, y así fuimos levantando cabeza
P- ¿Era mucho dinero?
R- Si… veinticuatro duros… pero estábamos en el centro de Graná, íbamos a todos los sitios andando… bueno… antes se iba siempre a todos los sitios andando. Y el padre de los primos los llevó al Albayzin… porque le gustaba mucho, a mí también
P- ¿Y de salud? ¿Cómo estaba la abuela de salud?
R- La abuela bien, la abuela no había ido nunca al médico hasta que se murió.
P- Y después de faltar el abuelo, durante ese tiempo más malo ¿Te acuerdas que estuviese enferma?
R- Nada, bueno… ella siempre había padecido de los riñones, yo me acuerdo que… ¿Qué es eso que le dan a las gallinas para darle calor? ¡Molluelo!... Molluelo.
P- ¿El molluelo qué es?
R- Pues lo que ahora está de moda ¡El pan integral! Jajá jajá.
P- ¡Ah! ¡La fibra! ¿El salvado?
R- Eso es lo que se le daba… me acuerdo yo de ver a mi padre y a mi madre, que hacían la masa aquella con agua caliente, cáscaras de patatas cocidas… y el molluelo y hacían masa y eso se lo ponían a las gallinas y ¡Ponían unos huevos!, porque dicen que les daba mucho calorcito… que ponían mucho, porque teníamos gallinas.
P- Pero ¿Por qué ha salido lo del molluelo y la abuela?
R- Porque cuando… cómo padecía mucho del… lumbago… de la espalda.
P- De los riñones has dicho antes.
R- ¡Eso, de los riñones! Y le dijo el médico, D. Felipe
P- ¡Te acuerdas de todos los nombres! ¿D. Felipe… que más?
R- D. Felipe Fajardo, ese era el médico.
P- ¿El médico del pueblo? ¿De Pinos Puente? ¿Sabes algo más de él?
R- No, sólo que era un hombre muy alto…
P- Pero te acuerdas de todo con nombres y apellidos ¡No todo el mundo es capaz! Te has acordado: Del médico, del farmacéutico…
R- Y resulta que le dijo: “Mira, haz bolsas, haz unas bolsas de tela, de lienzo, y coges y haces el molluelo con agua calentita, pero sin cáscara de patata, nada más que el molluelo, y calentito lo metes en las bolsas y te las pones”, y me acuerdo yo de ver a mi madre sentada así en la mercedora… porque entonces no había sofás, era las mercedoras… y me acuerdo de ella sentada con las bolsas de molluelo dándole calor en los riñones, porque… entonces no había bolsas de agua caliente, y luego ¡Fíjate! Murió de los riñones, pero ella… nunca… la primera vez que fue al médico fue cuando le detectaron lo del riñón, con sesenta y tantos años.
P- ¿Y vosotros… de niños?
R- Yo sí, yo sí era muy aplacada, yo siempre estaba con los Parches Sor Virginia que me llegaban hasta aquí… Jajá jaja.
P- ¿Los Parches Sor Virginia? ¿Qué eran?
R- Porque me resfriaba mucho de los bronquios… tuve pulmonía…
P- ¿Era cómo el Vicks VapoRub?
R- Eran unos parches colorados que me ponía mi madre, yo cuando iba al colegio me los escondía para dentro y luego cuando llegaba a la casa me los ponía más afuera… Yo me resfriaba mucho, yo siempre estaba resfriada, me ponían inyecciones, que venía… este… Paquito Rodríguez que era amigo de mi hermano, que era practicante y venía a ponerme las inyecciones a la casa.
P- Entonces, tuvisteis las enfermedades normales de los niños.
R- Las normales.
P- Es que durante la guerra, y en la posguerra hubo muchas epidemias y enfermedades, por la falta de comida, de higiene…
R- Bueno, a la tita Lola le dio el piojo verde, estando ya en la Calle Elvira.
P- ¿El piojo verde qué era?
R- Pues unas fiebres muy grandes, muy grandes, muy grandes…
P- ¿Qué era? ¿Cómo la sarna? ¿Tú te acuerdas?
R- Fiebres, unas fiebres… la mujer de Emilio… el del Bar Montañés, enfrente de la casa, pues a la pobre mujer le dieron esas fiebres, llamaron al médico, el médico enseguida denunció que era piojo verde, se la llevaron a San Lázaro… y allí se murió. Dicen que les daban unos baños de agua fría, ¿Sería para bajarle aquellas fiebres tan grandes? Y cómo entonces los colchones eran de lana y los somieres eran de lata… que no es cómo ahora, yo me acuerdo de la tita, que el sudor le calaba al somier y se enmohecieron los colchones… de las fiebres tan grandes que tuvo… ¡Pues ahí estuve yo y ahí estuvo mi madre… y estuvimos todos con ella, cuidándola, poniéndole paños de agua fría! No llamamos al médico…
P- ¿Callados, para que nadie supiera nada?
R- Sí porque era como el tifus, que se pegaba…
P- ¿Y cómo sabes tú que era el piojo verde? ¿Fue algún médico a verla?
R- Porque… porque decían: “¡Ay, la fulanica se ha muerto del piojo verde! ¡A la otra se la han llevado a San Lázaro! En seguida se los llevaban, porque era infeccioso, era contagioso, y entonces dijo mi madre: “¡Aquí no hay nadie malo! Jajá jajá… ¡Pues nadie malo! Nos turnábamos para ponerle paños de agua fría, para que le bajara aquella fiebre, no había ni termómetros ni nada, eran sólo… aquellos sudores, que era… que tenías que estar quitándole la ropa a cada instante, porque era… empapada en sudor, el pelo… todo… se le cayó casi el pelo un poco, era ¡El piojo verde que le decían!
P- ¿Y nadie lo pilló más?
R- No
P- ¿Y cuanto tiempo estuvo la tita con eso?
R- Por lo menos siete u ocho días con aquellas fiebres, y no lo pilló ninguno más, ni mi madre ni yo. A mí es que no me gusta hablar de enfermedades, pero yo… yo pillé una anemia muy grande, con nueve años… me bajó la regla.
P- ¿Con nueve años? ¿Es muy pronto? ¿No?
R- Con nueve años, ahora parece que la tienen más tarde, pero antes se tenía más pronto, yo no sabía lo que era…
P- Te preguntaba porque me parecía pronto y leí en algún sitio, que un suceso emocional violento puede desencadenar que le baje la regla antes a una mujer.
R- Bueno… fue después de morir mi padre desde luego… Si.
P- ¿Seguro?
R- Si, seguro… vivíamos en Pinos Puente… y yo me asusté…
P- Entonces… el abuelo murió en verano y a ti te vino la regla… ¿Por aquel invierno?
R- A lo mejor por aquel invierno, pero… entonces resulta que yo, como no sabía nada… me dijo mi hermana: “Eso es un grano que se te ha reventado” Jajá, jajá. Y claro, yo asustada, ella me ponía… esto… pañitos de esos… bueno, no eran ni pañitos, porque eran trozos de sábanas viejas, les hacía mi madre los dobladillos y luego las lavaban, yo me acuerdo de ver todo aquello, tendido puesto al sol, de mi madre y de mi hermana, y claro, yo antes no sabía para lo que era, y luego ya… eso fue el primer mes, pero al segundo dije: “¡Ay, Lola! ¡Que se me ha roto otra vez! ¡Que se me ha reventado otra vez el grano! Y ya me dijo mi hermana: “¡Mira, que no es ni grano ni nada! ¡Es: esto, esto… y esto!
P- ¿Era la tita Lola?
R- Sí ¡Era muy cruda para decir las cosas! Y ya te digo… estaba yo en el colegio. Es que la tita era muy cruda para decir las cosas… porque yo, el primer año que no me echaron nada los Reyes… ¡Yo me di una panzá de llorar que no se lo puede imaginar nadie! Porque a mi me traían muchas cosas los Reyes todos los años, y ese año no me trajeron nada, y yo venga llorar, y decía mi madre: “Eso es que no se han acordado, eso es que no se han acordado, cómo ya vivimos en otro sitio, pues se han pasado de largo”
P- ¿Ese fue el primer año en que no llegaron los Reyes?
R- A mi casa no, a mí no, a mí lo último que me echaron los Reyes, que fue con ocho años y que fueron los libros de Pipo y Pipa, que son esos que tenemos ahí, los dieciséis cuentos esos…
P- ¿Y que decía la tita entonces?
R- Pues, que cómo yo daba tanta tabarra con los Reyes… Con los Reyes… Y que ya han pasado los Reyes…. Y que no me han dejado nada… Y ya hasta el año que viene… Que tengo que estar esperando… Que si patatín… Que si patatán… Y un día va mi hermana y me dice: “Mira, ni Reyes ni nada… ¡Que los Reyes no existen!
P- ¡Coño con la tita! Jajá, jajá.
R- Jajá, jajá. Y siguió: “¡Y no des ya más la tabarra con los Reyes! ¡Con la niña… y los Reyes! Jajá, jajá.
P- Jajá, jajá. ¡Es que no veas, que malafollá tenía la tita Lola! Ya me acuerdo yo de niño… Jajá, jajá.
R- “¡Y te callas ya!
P- Jajá, jajá Y entonces esos fueron los últimos ¿Los de Pipo y Pipa?
R- Si… los últimos… tenía ocho años. Que tenemos la colección entera.
P- Es que son unos cuentos muy especiales, que te regalara algo para leer… y esos cuentos, en vez de una bicicleta u otra cosa, nos retrata muy bien la personalidad del abuelo, que regalara… para leer.
R- ¡Es que yo con cinco años leía en el periódico! Es que cuando yo fui al colegio ya sabía leer y escribir, yo empecé a ir al colegio con cinco años y ya me había enseñado mi padre, y mis hermanos ninguno había ido al colegio, ni la tita, ni el padre de los primos… que lo preparó mi padre para contabilidad, que los libros de contabilidad los tiene el primo Jóse en Madrid… los libros de mi padre, y tiene también ese… que leíamos tanto… ¡El Quijote!, lo tiene él también.
P- ¿El Quijote del abuelo?
R- Si… y los libros de contabilidad ¿No sé si ya habrá tirado los libros?
P- ¿Los tendrá todavía? ¿Y son los libros suyos? ¿Los que él escribía de su puño y letra?
R- No… era cómo una enciclopedia…libros, libros.
P- ¡Ah! Es que… cómo estamos siguiendo el rastro de cosas de él, yo pensaba que eran libros manuscritos de él.
R- No, son los libros con los que él aprendió… para aprender contabilidad.
P- ¿Y te acuerdas cuando te echaron los Reyes los cuentos de Pipo y Pipa? ¿Te dijo algo el abuelo? ¿Te los leía?
R- Me los enseñó… bueno… lo único, es que a mí me hizo mucha ilusión… ¡Bueno! ¡Era la envidia de todo el colegio!
P- ¿Ah? ¿Sí?
R- ¡Bueno! ¡Cuando yo llevé los libros! La profesora y todos… la maestra… cómo le decíamos. La maestra los alabó mucho, decía que eran muy bonitos, muy bonitos… le gustó mucho ¡La envidia del colegio!
P- ¡Hasta que te los hicimos pedazos nosotros! ¡Tus hijos! Jajá, jajá.
R- Eso mismo, ¡Mira que siempre he tenido yo cuidado! ¡Los he sacado para que los vean y ya está!... Pero… Uno tira de un lado… Otro tira de otro…
P- ¿Pero están bien? ¿No?
R- Están… en condiciones…
P- Bueno… Hemos estado hablando con la novia del primo… con Amparo, que es restauradora, pues para eso, para ver si algún día los restauramos… ¡Pero están muy bien conservados! Tienen la huella del paso del tiempo… pero están bien. Y además ¡Está la colección entera! Que lo estuve mirando en Internet…
R- ¡Dieciséis!
P- La colección entera que se editó en su día…


… continuará

La niña Carmen con su padre

Tiempos felices, la niña Carmen con cuatro años sobre las piernas de su padre.



... de memoria lo cuento VII

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.


Pregunta - Has hablado ahora mismo de precariedad ¿Que comíais en aquella época cuando estabais en la Calle Elvira?
Respuesta - jajá jajá... boniatos, espinacas... me acuerdo yo que venía un hombre que le traía a mi madre todos los días un cuarto litro de leche...
P- ¿Pero estamos hablando del tiempo de la Calle Elvira?... porque en Pinos Puente...
R- En Pinos Puente era... estaba la casa llena de todo, de todo.
P- ¿Después incluso de morir el abuelo?
R- ¡Hombre! mientras fue quedando, pero aparte también hubo buenas personas, porque... los tíos de los primos, este... León y el tito Miguel, el de Córdoba, esos criaron un marrano, lo mataron, porque cómo teníamos costumbre todos los años de tener matanza, dijeron que cómo íbamos a estar sin nada.
P- Porque ¿Un marrano era para todo el año?
R- Si, y nos mataron un marrano, nos lo mandaron ya todo hecho: los jamones, los embutidos, los tocinos, todo nos lo mandaron... siempre ha habido buenas personas ¿No?... y... bueno, que cuando se terminó el dinero fue cuando nos vinimos a Graná.
P- Pues sigue con lo que comíais en la Calle Elvira.
R- ¡Pues ya ves tú! Porque con ese cuarto litro de leche... ¡Yo se que yo tomaba leche! pero creo que era la única que la tomaba... ahora lo pienso, y con el pan lo mismo ¡Yo siempre tenía un trozo de pan!... alguien tenía que quedarse sin el trozo de pan, porque era el pan de racionamiento.
P- ¿Pero era para todo el mundo igual? aunque vosotros tuvierais menos...
R- Era para todo el mundo igual, porque no había, porque era el racionamiento.
P- ¿Y quién daba el racionamiento?
R- En las tiendas, a ti te daban una cartilla, dónde te ponían que te daban un kilo de garbanzos, un kilo de lentejas, bueno... ¡pagándolo! Pero... que es lo que podías comprar, nada más, no te podías salir de eso.
P- ¿Y daba igual si erais... cómo vosotros... familia de rojos... o daba igual?
R- No, el racionamiento era igual para todos, el pan... que te ponías en la cola, y que estabas toda la noche en la cola, y que me acuerdo yo que mi madre se liaba en un mantón, era invierno, se liaba en un mantón que tenía, con unos flecos así muy gordos, y yo me sentaba al lado, en el filo de la acera, me metía debajo del mantón y allí me dormía, y por la mañana salía de debajo del mantón y decían las mujeres: “¡Esa niña no está, esa niña no está”, de eso me acuerdo yo, jajá jajá, decía mi madre: “¿Pero cómo no va a estar la niña, si la tenía metía yo debajo? ¿Cómo se va a ir la niña? La niña no se va, la niña tiene que coger su ración de pan, que por cierto que era más negro... que era pan de algarroba... me acuerdo de eso “¿Cómo no va a estar la niña? La niña se ha quedado dormida y la he metido debajo del mantón”… claro, cuando clareaba el día, pues yo ya me espabilaba, me salía…
P- ¿Entonces hasta cuando estuvisteis en la Calle Elvira?
R- Pues hasta que naciste tú, que te viniste con cinco meses, pero que sí, que eso nos salvó mucho, eso de tener huéspedes, nos salvo mucho, claro… tenías que tener gente extraña en la casa, tenían que sentarse en el mismo water que tú te sentabas… pero que lo de alquilar habitaciones lo hacía mucha gente, mucha, allí mismo en la casa lo hacía más de un vecino, teníamos una habitación y allí teníamos dos camas puestas y dormían los dos en la misma habitación, daba la casualidad que los dos eran músicos, los tuvimos muchos años, hasta que se casaron, y después de casados han venido a visitarnos, y en La Chana vivía Antonio el de la flauta, que trabajaba… que estaba en la banda de música de Granada, era un poco mayor que yo. Y ya cuando nos casamos, pues yo dije que no se vendían más bolas, dejamos el sotanillo aquel y ya al casarnos, como antes las costumbre que había es que te casabas y no seguías trabajando, pues dije: En vez de trabajar en la calle, pues trabajo en la casa, como la abuela estaba bien, que estaba joven… pues la abuela es la que se ocupaba de guisar, de comprar y de todo eso y yo me dedicaba a coser,
P- ¿Hasta cuando estuviste en la sastrería… desde los diez años hasta?
R- Lo menos hasta los veintiún años, a los veintiún años fue cuando me coloqué en Los Hidalgos… pero también cosiendo, hasta que me casé.
P- ¿Y de aprendiz que hacías?
R- ¿De aprendiza?... llevar al niño al colegio…
P- ¿Coser poco?
R- Si, coser poco, ¡Que estuve por lo menos año y medio o dos años sin cobrar nada! Que entonces era aprender… no cobrabas, pero que le decía mi hermano: “Mira, que es que estamos recién venidos del pueblo, y la niña las calles de Graná no las conoce muy bien, no la mandéis muy lejos, ni le hagáis putadas de esas de mandarla a por la piedra de afilar las agujas… ni nada de eso, porque es muy sentimental y se va a echar a llorar…”
P- ¿Es que era una broma mandarte a por la piedra de afilar las agujas?
R- Te mandaban a algún sitio y te decían que de parte de fulanico, que te prestaran la piedra de afilar las agujas, y mi hermano no quería que me mandaran a cosas de esas, porque decía que estaba recién venida “catetíca” del pueblo. Y me tenían allí aprendiendo, me mandaban a llevar al Pepín, un niño que tenía cinco años o así, y yo tenía diez años, y lo llevaba a la Calle Arriola a la academia de Don… de… ¿Cómo se llama ese que ya murió? ¿De D. Francisco? No me acuerdo… ¡De D. Luís! De la academia que había en la Calle Arriola, pues ahí tenía que llevar yo al niño al colegio, el primer día yo no sabía, me decían: “Tú sigues la Gran Vía para adelante, adelante, adelante… y cuando veas una calle que se llama El Boquerón, bajas por esa calle y cuando bajes por esa calle… tú ya preguntas, por la Calle Arriola o por la Calle Niños Luchando”, y al final ya me lo aprendí de memoria, llevaba al niño al colegio… lo recogía del colegio… lo llevaba… lo recogía, ¡y esa era mi misión aprendiendo! Y ya con diecisiete años pues yo ya sabía hacer la chaqueta entera, y se lo dije: “Mire usted, quiere decir que o me apunta usted en la Seguridad Social, porque quiero poner a mi madre, que mi madre ya se está poniendo mayor y yo quiero tener a mi madre en la Seguridad Social, y yo también” y me dijo: “Y eso como va a ser, si hay niñas que llevan más tiempo que tú y no están apuntadas…” y le dije: “Pero… que esto es muy sencillo, que yo voy y me busco otro sitio donde me apunten y me voy”
P- ¡Amenazando! Jajá jajá
R- Si, jajá jajá, y decía: “¡Vaya con la niña esta lo revuelta que ha salido!... pues no se lo digas a las otras” y dieron de alta, por eso tengo yo ya mi cartilla con diecisiete años.
P- ¿Entonces tú has contribuido bastante?
R- ¡Pues ya ves, desde los diecisiete años!
P- Ahora quisiera que me contaras sobre los papeles de la orfandad, que creo que es muy interesante, que la abuela no quería…
R- No, no quería, decía que se lo metieran por…
P- Pero, lo lograsteis, lo tuvisteis.
R- Si.
P- ¿Y eso cómo se hizo?
R- Pues D. Francisco ese, el cura, que era vecino nuestro allí en la Calle Elvira y Aurora su hermana, decían que la yo, la niña, tenía que cobrarlo, porque estaban conmigo que pa´ que, decían que tenía derecho, que para eso habían hecho eso con mi padre, eso tan cruel, y eso tiene la niña que cobrarlo. Pero decía mi madre: “Yo no quiero dineros de ellos”, ellos le decían a mi madre que ese dinero no era de ellos ni de nadie, que era de todos, y D. Antonio fue el que arregló las cosas, arregló los papeles.
P- ¿Y cobraste?
R- Y cobré.
P- ¿Te acuerdas cuanto era?
R- Pues no se si eran cinco duros… yo me acuerdo que teníamos que ponernos en cola en el Gobierno Civil.
P- ¿Dónde estaba el Gobierno Civil?
R- En la Gran Vía, donde está ahora.
P- Es que al principio estaba, en el 36 estaba donde está la Facultad de Derecho ¿Te acuerdas que fueras allí?
R- Este hombre estaba de cura en San Justo y Pastor… entonces a lo mejor era allí.
P- Es que lo más normal es que si estaba de cura en San Justo y Pastor conociera a gente del Gobierno Civil y por eso, si pensaba que era una injusticia, pues… Porque el Gobierno Civil estaba en donde está ahora Derecho, que era donde llevaban a la gente, a los detenidos, a Lorca lo pillaron en la Calle Angulo y lo llevaron allí…
R- Si, si… es que son cosas que no me acuerdo bien, yo se que él estaba de cura en San Justo y Pastor.
P- Pues, imagínate mamá, todos los que estuvieran allí serían beatos que irían a misa… ¿Y el fue el que arregló los papeles?
R- Si, estuvimos cobrando poco tiempo… pero que estuvimos cobrando.
P- ¿Por qué poco tiempo?
R- Pues no se, sería que cumpliría yo ya la edad que…
P- Porque eso debería haber seguido, porque si era de orfandad y no de viudedad.
R- Era de orfandad… pero que no me acuerdo yo.
P- Y eso que era ¿Qué os poníais en cola y os daban un dinero?
R- Un ticket o no se qué, yo es que no me acuerdo
P- Porque si fue así, a lo mejor está reflejado en algún sitio, por poco tiempo que fuera, es posible que haya constancia de que eso lo cobrasteis.
R- No se, este hombre fue el que la pidió
P- ¿Y ese cura si que pidió una partida de defunción del abuelo? ¿Y te acuerdas cómo se llamaba lo que cobrabais? Porque has hablado algo antes de… los niños de la guerra…
R- Si, era algo así como de los huérfanos de la guerra… del alzamiento nacional o cómo se llamara aquello… una pensión de viudedad no, era de orfandad. Luego este hombre se fue de capellán al Hospital de San Juan de Dios, era el tío de mis amigas las Molina, mis amigas esas, las Molina del estanco.
P- No sé quien son.
R- Las Molina, que estaban en la Universidad de Mayores también conmigo… Elena, pues esas amigas mías, este hombre era tío de ellas, hermano de su madre, a su hermana, que era ciega… con seis hijos en Almería, le mataron al padre de esas niñas, lo mataron los rojos, fueron los militares que los tiraron con sacos de arena al fondo del mar… Y la madre de estas, la hermana del cura… Dª. Virtudes era muy amiga de mi madre, esas si eran muy amigas, Dª. Virtudes era muy amiga de mi madre… y cada una tenía… el dolor por un lado, pero la mujer era… tan buena, tan buena persona, que decía: “Carmen, nosotras somos muy buenas amigas, nosotros tenemos que hablar de nuestras cosas, pero de lo que nos ha pasado con nuestros maridos… eso vamos a dejarlo aparte, porque tan criminales son por un lado cómo por otro”. Porque a ese hombre lo mataron… en la guerra, en Almería, y si no hubiera sido por el asistente que tenía el hombre, que el muchacho era de Almería, pues no hubieran sobrevivido, porque estas niñas iban a las basuras a coger las cáscaras de naranjas y de plátanos, esas niñas… han comido de las basuras, y porque este muchacho, el asistente que tenía porque el padre de ellas era teniente o algo de eso, era de Almería y de vez en cuando les llevaba cosas de su casa, y esa es la mamá Dolores que era la madre de ese hombre que murió… el padre de mi amiga Elena, pues eso, la mamá Dolores tenía un hijo militar, que se lo mataron aquí los nacionales y al otro hijo se lo mataron los rojos en Almería, que es de quien hablamos… la mamá Dolores ¡Eso si que es!
P- ¿Y te acuerdas de alguien más? ¿Porque queda alguien en vida que haya conocido al abuelo?
R- Nadie, nadie, tu primo si conocía a los Baenas, y ya se ha muerto hace poco hasta la última mujer de los Baenas, hace poco, tenía ya noventa y no se cuantos años ya, y estos son los que le han contado al primo cosas del abuelo… los Baenas, pero ese hombre y esa mujer ya han muerto.
P- ¿Eran de Pinos Puente?
R- De Pinos Puente eran, son los Baenas, los de esa eléctrica… que tiene por ahí en el polígono... los Baenas.
P- ¿Alguien más?
R- ¡Que va! Estoy yo ya con ochenta y dos años que voy a cumplir…
P- Bueno, pero gente que tuviera diez años más que tú, que tendría diecinueve cuando murió el abuelo… se pueden acordar de algo.
R- ¿Pero cuantos años pueden tener ahora?
P- Noventa y dos.
R- Mi prima Ana me cuenta cosas, pero de mi padre cuando era joven, cuando tenía a su hermano allí en Dílar… pero de otra cosa no.
P- ¿Pero alguien que tenga sobre noventa y tantos años y que haya conocido al abuelo en aquella época?... en la época en que murió, si se puede acordar de algo.
R- Este que yo te digo, que es muy conocido ¡Benigno!
P- ¿Benigno?... es que antes habías dicho Virgilio, o sea que es: Benigno.
R- Si, eso es: Benigno.
P- ¿Y quien es el tal Benigno?
R- Pues uno de Pinos Puente, que creo que su hijo es político y muy conocido creo yo.
P- Pero ¿Del PSOE? ¿De Izquierda Unida?
R- Del PSOE me parece que es… Me suena, pues ese era de allí de Pinos Puente… bueno su padre, que también lo fusilaron.
P- Alguna vez has hablado de algo del Gobierno Militar, cuéntame de eso.
R- En el Gobierno Militar estaba el padre de los primos, iba yo a llevarle la comida, porque como siempre estaba delicado del estomago, pues a media mañana iba yo a llevarle el bocadillo, ya ni los guardias, ni los soldados de la puerta me preguntaban ni nada, ya sabían que yo iba… con la servilletilla liada… con los cuatro nudos, y le llevaba el bocadillo…
P- También hablaste de algo del El Fargue… porque allí hubo una represión tremenda, porque estaba la fábrica de pólvora… y allí fue una escabechina.
R- Si, la madre de Lupe me contaba que conocía a un hombre buenísimo que era empleado de la fábrica, y sólo por hacer un comentario sobre los manguitos que les habían puesto, pues alguno lo denunció y lo fusilaron, me la contaba la madre de Lupe, porque fue la última persona que lo vio, pero que no habló con él. Había muchos que se los encontraban en las cunetas, pero que no tienen nombre, los mataban en las mismas cunetas.
P- Es que hubo muchos asesinatos incontrolados, sin juicios ni nada, en el caso del abuelo salieron con nombres y apellidos, pero en otros casos al amparo de… eso… pues desde: rencillas familiares… hasta por quitarle una novia, en esas listas pone en muchos casos: “Tres encontrados camino del cementerio, dos en las cercanías del camposanto”, y era porque allí los tiraban y sabían que alguien los iba a recoger y enterrar o echar a una fosa, y lo hacían con total impunidad.
R- Y también muchos que aparecían tirados en el río Genil, como los maridos de las vecinas viudas de los primos en el Cristo de las Azucenas: Dª. Rosario y Dª. Estrella, los maridos de esas dos mujeres había aparecido tirados en el río. La vida no tenía valor ninguno.
P- Te quiero preguntar otra vez sobre el tiempo que pasó desde que mataron al abuelo, hasta que os fuisteis de Pinos Puente…
R- Transcurriría un año o así, el padre de los primos todavía estaba soltero y mi hermano Antonio todavía no había vuelto, estaba todavía la guerra, ¡Fue más o menos cuando la aurora boreal! Por ese tiempo fue cuando nos vinimos nosotros a Graná.
P- Es verdad, que el otro día hablamos de la aurora boreal, pero… para acotar un poco el tiempo y hacer memoria… al abuelo lo mataron en agosto, en pleno verano,
R- Si.
P- ¿Hasta el verano siguiente no os fuisteis? ¿Porque las auroras boreales suelen ser normalmente en invierno?
R- No me acuerdo.
P- ¡Bueno! ¡Es que fue muy rara! Porque ¡Una aurora boreal en el sur de Europa!
R- Con nueve o diez años…
P- ¿Pero no te acuerdas si era verano o invierno? ¿Si ibas con ropa de verano o de invierno? ¿Calor, frío? ¿Cuántos años antes de que terminara la guerra?
R- Por lo menos dos años antes de que terminara… al año de la guerra, al año más o menos nos fuimos. ¡Si porque yo estuve yendo a… me apunté en el colegio de Las Tablas y estuve yendo un año a este colegio! Y estaba el padre de los primos todavía soltero cuando me colocó en la sastrería, y en la sastrería me coloqué con once años… al año de la guerra nos fuimos para la Calle Elvira.
P- Y mientras tanto, mientras… durante este tiempo, que supongo se acabaría el dinero que tuvierais ahorrado…
R- Y nos prestaron una casa
P- ¿Allí en el mismo Pinos Puente? ¿Quién os prestó la casa?
R- Pues… que mi hermano le llevaba la contabilidad a Josefina… la de las maderas, la de por donde vive el primo Miguel… y nos prestaron una casa.
P- ¿Una familia de allí?
R- Si
P- Pero… ¿Amigos?
R- Porque su padre del primo le llevaba la contabilidad y dijeron: “Bueno, pues ya está, os prestamos la casa, que es una casa muy chiquitilla y ahí estáis”… y allí pues mi madre no se encontraba a gusto… y decidimos de venirnos.
P- ¿Por qué? ¿No os encontrabais bien?
R- Porque… como nos hacían el vacío… porque… la gente no nos hablaba
P- ¿No os hablaba? Es que era de eso sobre lo que te quería preguntar, porque por lo que hemos visto, el abuelo debía de ser una persona conocida, querida, respetada, porque… así era.
R- Pero, claro… lo denunciaron, los que lo denunciaron porque no había ido al trabajo…
P- ¿Y en un pueblo tan chico cómo Pinos Puente?
R- No es chico, es grande, es grande Pinos Puente.
P- Pero… en aquella época ¿Sería más chico? ¿No?
R- Si…
P- Entonces, el cura… porque ¿La abuela si iba a misa y todas esas cosas?
R- Si… la abuela iba los domingos… iba cuando podía y eso.
P- ¿Cómo era la relación con el cura, con el alcalde… las instituciones digamos?
R- No, no.
P- ¿También os hicieron el vacío?
R- ¿El vacío? ¡Hasta los amigos!
P- Porque estar en relación con una familia de rojos no era una cosa que uno lo pudiera llevar como bandera en aquellos momentos, pero lo que quiero preguntarte es que, como no era un pueblo muy grande, pues el cura es el cura, el alcalde es el alcalde, el farmacéutico es el farmacéutico, el relojero es el relojero…
R- El relojero si está también en esa lista…
P- Si: José Tentor Asensio que murió el mismo día que el abuelo.
R- Si, el mismo día.


… continuará

1934. La lista de las compras

Esto es lo que se compraba para la casa antes de la muerte del abuelo, la lista es suya:

... de memoria lo cuento VI

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.




Pregunta - Ya que hemos hablado de los bombardeos... porque lo del abuelo también coincidió... porque el abuelo estaba detenido…
Respuesta - Fue de los primero días… cuando bombardeaban y eso…
P- Hicieron un bando que decían que por cada…
R- Los ponían en fila y decían: “¿Cuántas bombas cayeron ayer?... pues… tantos, desde aquí hasta allí.
P- Y le tocó a él.
R- … y le tocó a él, porque él estaba ya para salir.
P- Bueno ¿Cuánto tiempo más estuvisteis en Pinos Puente desde la muerte del abuelo?
R- Muy poco tiempo, muy poco.
P- ¿Hasta Navidad?
R- Muy poco tiempo, porque allí nosotros… ya el dinero se fue terminando, ya no había sueldo, el poco dinero que había en la casa se fue terminando, allí no había dónde trabajar ¿Dónde trabajabas en un pueblo?... y fue mi hermano y alquiló la casa de la Calle Elvira, y en un carro, que es cómo se hacían las mudanzas, en un carro nos trajeron los muebles… en un carro con burros, con bueyes o con lo que fuera… y nos vinimos a la Calle Elvira.
P- ¿Cuándo fue eso?
R- Pues… al año siguiente de la guerra, en el 37 o por ahí…
P- Un año… entonces pasó más tiempo…En agosto del 36 murió el abuelo...
R- Y nos vendríamos en el 37… a los pocos meses.
P- ¿A principios del 37? ¿La Navidad la pasasteis en Pinos Puente?
R- … yo no me acuerdo de la Navidad.
P- … pero ¿Tuvo que ser una Navidad muy dura?
R- ¡Hombre! ¡Imagínate! Pero para mi la Navidad no fue… fueron los Reyes.
P- ¿Por qué los Reyes?
R- Porque no me echaron nada… Yo decía: ¿Por qué a mí no me han echado los Reyes nada? ¿Por qué no me han echado nada? Y a la fulanica le han echado… y a la menganica le han echado… Porque a mí los Reyes eran muy esplendidos, a mí los últimos Reyes que me echaron fueron los Pipo y Pipa.
P- ¿Eso fue para Reyes?
R- Esos fueron los últimos reyes que me echaron.
P- ¿Todos los cuentos enteros?
R- Todos.
P- ¿Pero entonces, tú creías en los Reyes todavía?
R- ¡Bueno! ¡Las panzás de llorar que me daba yo porque no me habían traído nada los Reyes!
P- ¿Qué te decía la abuela?
R- Decía: “Pues eso, es que no se han dado cuenta, están las cosas muy malas y los tiempos muy revueltos, y todo muy malo, y no se han dado cuenta, hija”
P- ¿Y no te cayó nada, nada?
R- Nada, nada, nada.
P- Pero… ¿Por qué la abuela no quiso? ¿Por el luto?
R- Pues no lo sé.
P- Porque… ¿La abuela se pondría de luto?
R- ¡Bueno! Con un manto en la cabeza que le llegaba hasta el filo de los pies.
P- ¿Y a vosotros también os puso luto?
R- A mí me pusieron mis calcetines, mis zapatos, mis lazos en las trenzas… y vestida de negro hasta los dieciocho años… desde los nueve.
P- ¿Pero luto entero?
R- Entero
P- Mamá ¿Y eso lo hacía todo el mundo?
R- Todo el mundo, y los hombres un brazalete negro en el brazo.
P- De eso si me acuerdo ¿Entonces esa Navidad tuvo que ser…? Tu hermano no estaba, que se había ido…
R- El otro lo había cogido de soldado…
P- La abuela de luto, las tres de luto… pero tú de lo que te acuerdas es de los Reyes…
R- Si, de los Reyes.
P- ¿Había cabalgata en el pueblo?
R- No, no.
P- ¿Y te llevaba el abuelo a la de Graná? ¿Te acuerdas de haberla visto?
R- Si, si.
P- Pues, la cabalgata de Reyes del Centro Artístico, que era quién la organizaba, era la cabalgata más antigua de España.
R- No me acuerdo bien, no me acuerdo… bien, yo lo único es que todos los años los Reyes me traían bastantes cosas, bastantes, a mis hermanos les echaban duros del tío sentao.
P- ¿Eso que era?
R- Monedas, monedas que tengo yo ahí guardadas, duros del tío sentao, dinero, le colgaba mi padre en el varal de la cama, le colgaba un cartuchillo de esos… porque entonces no había bolsas, eran cartuchillos de los de las comidas, y les colgaba un cartuchillo, y a mi hermano Pepe que no fumaba no le echaba tabaco, pero a mi hermano Antonio si le echaba, y mi madre ¡formaba unas peloteras!, decía: “¡Venga! ¡Tabaco! ¡Como tú!
P- El abuelo fumaba ¿Cigarro o pipa?
R- Cigarro, cigarro… fumaba mucho.
P- Bueno… no nos acordamos exactamente cuando os fuisteis a Graná, pero ¿Había entrado el verano? Es que así nos vamos acordando, porque si te acuerdas si era verano, invierno, era Navidad…pues acotamos.
R- No me acuerdo, no, pero yo se que hacía pocos meses… y entonces ya nos vinimos a Graná, y que en la fábrica de Armilla de Carbonell, que había una…
P- ¿Había otra fábrica de la misma empresa?
R- Si, y el hombre que estaba allí encargado de aquello, el administrador o lo que fuera, pues… nos mandó llamar, y a mi hermana le facilitaba jabón, porque ahí lo que vendían era jabón…
P- ¿Y por qué os mandó llamar? ¿Sería porque le tenían aprecio al abuelo? ¿Porque si no, no os hubieran buscado? Porque ¿Os buscaron ellos a vosotros?
R- Nos buscaron a nosotros, y le facilitaban a la tita jabón, y lo vendía la tita por las casas… para que se buscara la vida.
P- ¿Estraperlo? ¿No?
R- Estraperlo.
P- Bueno, pues si alguien de ese nivel, que está al mando de una fábrica… se arriesga… es porque apreciaban al abuelo…
R- Íbamos por las casas, yo los sábados, los domingos y eso… cuando no tenía colegio, pues iba con la tita.
P- ¿Tú seguiste yendo al colegio?
R- En Graná si, estuve un año.
P- ¿A que colegio ibas?
R- Al de las Tablas, al lado de La Normal, al colegio ese que hay ahí, yo salía por la Calle Elvira…
P- ¿Era un colegio de monjas?
R- No, un colegio, un colegio, pero que yo allí si tuve que decir que mi padre había muerto de pulmonía, porque mi madre no quiso llevarme, yo no quería dejar de ir al colegio, pero mi madre no quería ir a apuntarme, y mi hermana decía: “¡A mí me da vergüenza!” Porque mi hermana siempre decía eso, y yo si quería ir al colegio, yo no quería estar allí todo el día, yo quería ir al colegio, y dijo mi madre: “Mira, ve si quieres a ver si te admiten”… y fui.
P- ¿Sola?
R- Yo sola.
P- ¿Con once años o así?
R- No, diez años tendría, diez años… y fui, y hablé con Dª. Carmen, que era la profesora, dice: “¿Tú que querías? Digo yo: Pues que quiero ir al colegio, y dice: ¿Por qué no has venido antes? Es que yo vivía en Pinos Puente y ahora nos hemos venido aquí a Graná, que vivo en la Calle Elvira y es el colegio que me pilla más cerca. ¿Tú quieres venir? Pues ahora mismo te apunto.”
Me pidió señas, nombre de padre… de madre… yo le dije: “Padre no tengo, es que ha muerto de pulmonía” y dijo: “Vale, vale, vale” y me apuntó. Y yo iba a mi colegio, ahora… que llegábamos al colegio y lo primero que teníamos que hacer era poner la mano en alto y cantar el cara al sol, eso era por la mañana…
P- ¿Y estuviste ese año?
R- Sólo ese año en el colegio, y ya entonces mi hermano habló con… como estaba mi hermano de soldado y estaba en Mayoría, en el Gobierno Militar que hay subiendo por la Plaza de la Merced ¿No hay ahí un cuartel?... El cuartel de la Merced, pues ahí estaba mi hermano en las oficinas, de soldado… cómo lo cogieron de soldado… y entonces estaba con él un sastre, Amador, que tenía la sastrería en la Gran Vía, en el número diecinueve, pero estaba recogido de segundas de soldado, era de la edad del tito y estaba con él, y hablando, hablando, dice: “Pues ya ves tú, que mi hermana , que no quiere estudiar, que yo la quiero preparar, y la quiero preparar yo, y me forma unas peloteras y unas llanteras... porque no quiere estudiar... ¡Que eso no es así!”
Porque es que mi hermano era muy severo, y yo empezaba a llorar, el me estaba preparando para que hiciera Ingreso por libre ¡Que yo en mi vida las había visto más gordas! y decía: “Que mi hermana no quiere estudiar y nosotros queremos que la niña estudie, porque la niña sirve para estudiar, que nos lo han dicho, que la niña sirve... ¡Pero que no quiere estudiar! Que me pongo con ella y que no quiere” Y entonces Amador le dijo: “Pues métela conmigo en el taller ¿Le gusta la costura? Pues métela de aprendiza en mi taller”... Y me metieron de aprendiza.
P- ¿Que edad tenías tú?
R- Diez años.
P- De aprendiz con diez años, tu de aprendiza ¿Y mientras tanto la tita vendiendo el jabón? ¿Y la abuela que hacía?
R- La abuela en la casa cuidando de todos nosotros. Y entonces yo cogí y me iba también con la tita a vender el jabón, la tita cómo siempre decía que le daba vergüenza, la tita se quedaba con el cesto del jabón, que pesaba cómo... un canasto de esos de mimbre de asas, ella lo cogía de un lado y yo de otro, y ya vez... yo iba con diez años, con aquel canasto que pesaba 20 o 30 kilos...
P- ¿Que edad tenía la tita?
R- Pues catorce años más que yo.
P- Veinticuatro años, la tita ya era más mayor...
R- Ella con su pañuelico negro de luto, y yo con mis trenzitas, por lo visto yo tenía la cara muy triste... porque yo llamaba a la puerta: “¿Mire usted, quiere usted jabón? y decían las mujeres: “¿Pero tan chica y ya estás tú vendiendo jabón?” y yo decía: “Está mi hermana abajo, es que me está esperando... es que a mi hermana le da vergüenza”, yo tan tonta y me decían: “Anda venga, dame dos barras ¿Cuando vas a venir otro día? pues ven la semana que viene, que no dejes de venir, que no vamos a comprarlo en ningún sitio, que te lo vamos a comprar a ti siempre”. Íbamos por el Barrio Fígares... por toda esa parte ¡Veníamos desde Armilla! con el cesto de jabón... andando.
P- ¿Desde Armilla andando?
R- Andando desde Armilla, porque decía la tita que cómo nos íbamos a gastar dinero en el tranvía.
P- Desde la fábrica de Armilla, claro... con el aceite y con sosa hacían jabón.
R- Y veníamos con el cesto de jabón desde Armilla
P- ¿Entonces los ingresos que teníais eran los del jabón y los de tu hermano?
R- Y de mi hermano, que por la mañana estaba en Mayoría trabajando... en los soldados, y por la tarde en su trabajo de la fábrica, pero claro, ya mi hermano cuando ya terminó la guerra, al año o así dijo que se casaba, porque se iban a casar antes de la guerra, pero cómo ya pasó todo aquello pues esperaron, por eso se casaron ya más mayores, se casaron ya la tita Chon y mi hermano se casaron ya más mayores... por eso... por la guerra, porque lo cogieron otra vez de soldado, y entonces pues, pues de eso vivíamos, luego también como teníamos más habitaciones cuando ya se casó mi hermano, pues nos sobraba una habitación en la Calle Elvira, entonces también la alquilaba mi madre a personas, teníamos un músico de la banda municipal y otro de la banda... militar, le lavaba mi madre la ropa, se la planchaba y dormían... comer no, y le daban un dinero todos los meses, y era un dinero que entraba, y luego mi hermano, el padre de los primos, pues puso una fábrica de bolas.
P- ¿De bolas?
R- De bolas, de bolas de carbón, para las hornillas, que entonces se guisaba con bolas.
P- ¿Y cómo hacía las bolas esas?
R- Metió hombres y alquiló una nave, y era una fábrica de hacer bolas, y entonces para que mi madre sacara también algún dinero, pues en el sótano de la casa en la que vivíamos en la Calle Elvira, que había sótanos, pues alquiló un trozo de sótano y ahí le traía a mi madre las bolas, se las ponía a precio de costo y mi madre las vendía al precio que se vendían las bolas y también se ganaba algún dinero... y así sobrevivimos.
P- ¿Y durante ese tiempo teníais algún contacto con alguien de Pinos Puente?
R- Ya con nadie, con nadie.
P- Cortasteis ¿Ni con ningunas vecinas... amigos?
R- Con nadie, con nadie.
P- ¿Y ellos con vosotros?
R- Tampoco... fue cortar radicalmente.
P- Pero, por ejemplo, esa persona de la que has hablado que colocó a tu hermano en la fábrica de Armilla, ese hombre si se ofreció...
R- Pero no era de Pinos Puente... la gente no se atrevía, ni a entrar a dar el pésame, no se atrevían, tenían que ser muy íntimos, muy íntimos para que entraran a la casa a dar el pésame, allí no entraba nadie, dónde había pasado una cosa de esas, estaban cómo... cómo si hubieran tenido la peste, ahí no acudía nadie, ¡pero ni los amigos, ni nadie!
P- ¿Ni siquiera con la familia de Tentor?
R- Con nadie, con nadie, nadie... ni nosotros con ellos, ni ellos con nosotros, es cómo... cómo si estuvieras apestado... en el mismo colegio te hacían de lado, las mismas niñas.
P- Pero el año que tú estuviste... cómo no sabían nada... cómo dijiste que había muerto de pulmonía.
R- Pero eso fue aquí en Graná... porque el tiempo que estuve en el colegio en Pinos Puente... decían: “Esa es hija de un rojo”.
P- ¿Eso lo escuchabas tú?
R- ¡Claro que lo escuchabas!... por eso nos vinimos, porque... tampoco allí no teníamos raíces ningunas, allí había nacido pues... mi hermana, había nacido yo, mi hermano Antonio, pero raíces, raíces no teníamos, porque no teníamos familia, fíjate tú que sin embargo, a mí me tira más Dílar que Pinos Puente, porque aquellas si son mis raíces, que allí nació mi padre, pero que si, que te daban de lado, amigos íntimos, íntimos de mi padre, íntimos, íntimos, no entraron por la casa a dar el pésame.
P- ¿Por miedo?
R- Por miedo, por miedo... por miedo.
P- Y de allí, de Dílar ¿Hablasteis con alguien? Porque allí el abuelo también sería una persona querida ¿O el abuelo ya en Dílar no tenía gente?
R- No, la familia si, la Ana y todas estas si, porque cómo el hermano de mi padre, el padre de mi prima, se casó y antes del año se murió de tisis... tísico, pues mi padre le alquiló una casa allí en Dílar y allí lo tenía él a su hermano, iba mi madre con mis hermanos todas las semanas, le limpiaban la casa, le lavaban la ropa y le llevaba comida: huevos, pollos para que les mataran pollos, unas inyecciones que les llamaban las inyecciones de oro.
P- ¿Y eso?
R- Para los tísicos...
P- ¿Por lo caras que eran?
R- Creo que porque eran carísimas, les decían las inyecciones de oro... pero al pobretico no le sirvieron de nada, de nada... pero era el único hermano que tenía... y cómo la mujer lo dejó... su mujer estaba embarazada y no se quería acercar a él, por si se le contagiaba... y la niña murió después de morir él, a los meses de morir él.
P- O sea, que nació la niña y al poco murió ¿De lo mismo?
R- No, que él murió sin conocer a la niña... que es esta prima mía que está en todas las fotos, y esa niña, pues entonces cuando esta mujer se volvió a casar con un viudo... que tenía siete hijos en Torreperojil.
P- ¿Eso es Jaén?
R- Si, y tenía siete hijos y luego tuvo con ellas seis, y a mi prima pues entonces le dijo mi padre, se lo dijo a ella: “Pepa ¿a ti te importa si yo me llevo a la niña cómo si fuera mi niña, que para eso soy su padrino, soy el padrino de boda vuestro y el padrino de la niña, así que quiere decir que me la llevo”, y entonces vivió con nosotros, pero cuando terminó la guerra, cómo ya estábamos tan precarios, tan precarios que no había para nada y la madre dijo que se quería llevar la niña, que mi prima tenía tres años más que yo, pues se la llevó cuando terminó la guerra.


... continuará

El bando en IDEAL. Sábado, 1 de agosto de 1936













Una vibrante alocución del capitán señor Salvatierra

Por Radio Granada se leyeron ayer las siguientes notas:
Comandancia militar: En la mañana de hoy han aparecido sobre el hermoso cielo de Granada varios aviones tripulados por asesinos y al servicio de los asesinos que hasta hace poco formaban el Gobierno de España.

Con su proverbial "valentía" han arrojado unas bombas sobre diversos lugares de la población indefensa, habiendo producido escasísimas víctimas, aunque muy lamentables, por tratarse de un pobre obrero que se dedicaba al cumplimiento de su misión de limpieza pública, una mujer obrera que regresaba de traer a los suyos lo necesario para sus sustento y una niña que la acompañaba: los dos primeros han resultado muertos y la tercera herida.

Aunque por la ineficacia de tales agresiones podría dejarse que continuasen realizándolas durante los últimos momentos de la existencia de tales seres perversos, cómo ello produce alarma en la población y quizá algunas víctimas, siempre lamentables para nosotros porque se trata del pueblo, aunque a ellos les tenga sin cuidado puesto que desprecian al honrado pueblo trabajador, he decidido poner término a tales agresiones, y sin perjuicio de que nuestros valientes aviadores abatan y pongan en fuga, cómo en este momento lo están realizando, a los cobardes que sólo saben combatir a traición, atacando por la espalda a seres indefensos, he acordado lo siguiente:

  Artículo 1º. Si volviese a aparecer sobre Granada algún avión de los llamados rojos, bombardee o no la ciudad o pueblos limítrofes, produciendo o no víctimas de cualquier naturaleza, se procederá de la manera que a continuación se indica:
     a) Por cada avión que aparezca sobre Granada de los titulados rojos, aunque no bombardeen lugar alguno de la provincia, serán tomadas represalias sobre individuos pertenecientes a lo que se llamó Frente Popular.

     b) Si arrojasen bombas o tiroteasen desde los aparatos cualquier lugar de la provincia, a los individuos comprendidos en el apartado anterior se les aplicará el rigor máximo.

  Artículo 2º. Por todos los jefes de fuerza de servicio en los diversos lugares de la provincia, tanto de organizaciones militares, como militarizadas o milicias armadas, se dará cuenta por el procedimiento más rápido de cualquier avión enemigo que sea divisado, expresando dirección de llegada, hora de la misma y si ha efectuado bombardeos o tiroteado los lugares inmediatos, quedando autorizados para la requisa de automóviles cualquiera que sea el servicio que hayan de prestar, a fin de que las referidas informaciones lleguen con toda rapidez a esta Comandancia militar y dar cumplimiento a lo que dispone en la presente orden.

  Artículo 3º. La presente orden será radiada en todas las emisiones de Radio Granada por las veces que se consideren precisas a fin de que no quede persona alguna sin conocimiento de ella.

... de memoria lo cuento V

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.



Pregunta - ¿Y la abuela que decía? ¿Cómo lo llevaba ella?
Respuesta - Muy mal, muy mal.
P- Durante ese tiempo ¿Qué decía la abuela? ¿Hablaba con alguien? ¿Tenía amigas allí en el pueblo?
R- No, no era mujer de amigas, no… y ya está, y que luego, pues eso, que lo menos al mes de haberle pasado eso, pues vinieron los…
P- Perdona, antes de que pasemos a otro tema ¿Os dieron algún… os dijeron simplemente que… os dieron algún papel?
R- No, ni un mal papel… que yo sepa, que yo sepa no. Yo sé que había una partida de defunción, porque el cura que vivía en nuestra casa en la calle Elvira, después ya viviendo en la calle Elvira, pues ese fue el que sacó la partida de defunción, porque estaba empeñado en que yo cobrara la orfandad de los niños de la guerra. Mi madre no quería, decía que no quería dinero de ellos.
P- ¿Qué decía la abuela?
R- Que no quería dineros de ellos, y decía D. Francisco…
P- ¿D. Francisco era el cura?
R- Sí, y decía: “¿Y porque la chiquilla no va a poderlo cobrar?” y… ¿Qué te estaba yo contando?
P- Sí, me ibas a contar sobre lo que os habían dicho, si os habían dado alguna comunicación ¿Ya no os dijeron nada, ni donde estaba el cuerpo…?
R- Nada.
P- ¿Alguien sabía algo de lo que hacían con…?
R- Sí… en el patio San José, eso si lo sabemos porque la gente del pueblo que iba a caso hecho todos los días a ver, y veían los que iban y los contaban: “De Pinos Puente han caído tres… fulanico, menganito, este, este otro…
P- ¿Y no había manera de que esos cuerpos…? ¿Hubo gente que pudiera saber que lo mataron ayer y fueran al día siguiente a coger el cuerpo y enterrarlo?
R- No, que va ¡Quién se señalaba! El que se señalaba caía al otro día. Yo en el colegio tuve que decir que se había muerto… según mi madre me dijo, que lo que tenía que decir es que se había muerto mi padre de una pulmonía, porque si no te echaban del colegio.
P- … Pero… tampoco se sabría ¿No?
R- Pero, cuando vinimos a Graná…
P- Ya, bueno… pues cuéntame lo de que al mes fueron…
R- Pues que al mes o así, que vino la Falange…
P- ¿Por qué sabías que era la Falange?
R- Los falangistas
P- ¿Por qué sabías que eran falangistas? ¿Por qué venían vestidos de falangistas?
R- Por la camisa azul, la boina puesta en el hombro… y el…fusil.
P- ¿Tú te acuerdas de los fusiles?
R- ¡Ay!, eso mira… se me ponen los vellos de punta, cuando yo los vi entrar… mi madre dándoles gritos, diciéndoles: “Criminales” de todo, de todo lo que se le puede decir…
P- ¿Qué le decía la abuela?
R- “Criminales, criminales, a mi casa no entréis”, pero empujaron y entraron para adentro.
P- ¿Y quienes eran? ¿Eran conocidos, mamá? ¿Eran gente del pueblo?
R- ¿Serían gente del pueblo? Pero no lo sé, y entonces empezaron a coger los cuadros de la pared, a quitarle las puntillas, a mirar por detrás, entre el cartón y los santos, porque mi madre tenía muchos santos.
P- Sí, me lo has dicho ¿De esto te acuerdas mejor porque lo has visto tú?
R- Claro, todo eso lo presencié yo, estaba mi madre, mi hermana y yo, las tres, y empezaron a… y le decía mi madre: “Maricones, maricones, que eso lo hacéis porque estamos tres mujeres solas, si hubiera aquí un hombre, eso no lo hacíais” y ya entonces uno de ellos le dijo: “Ya se está usted callando, que si no, donde ha ido su marido va a ir usted, cómo no se calle usted, va a ir usted, ¡Vamos! ¡Que nos la vamos a llevar pa´adelante!”
P- ¿Y encontraron algo?
R- Nada, nada, lo único que encontraron es que se llevaron la radio, eso sí lo vi yo, a ellos con la radio en la mano, que se la llevaron, que era la única radio que había en el pueblo, una o dos radios habría…
P- ¿Y cómo es que el abuelo tenía radio?
R- Pues, porque compró la radio, porque le gustaba
P- Te pregunto… porque no era una cosa… ya me dices que es raro si había una o dos en todo el pueblo, o tres o cuatro, o las que fueran.
R- No, no, no habría más de dos.
P- Y además… porque valdría un dinero… ¿Tú te acuerdas que escuchaba el abuelo en la radio?
R- … Noticias y cosas así, se ponía con el oído pegado, la ponía muy callandito, ponía el oído pegado, pegado… La radio esta puesta, ahí en una fotografía.
P- Sí, esa en que se ve a tu hermano, que se ve el humo del cigarro…
R- Sí, sí, sí.
P- Sé la foto que es.
R- Pues se llevaron la radio y ya no sé si se llevarían también la máquina de escribir…
P- Es verdad, que estuvimos hablando antes… ¿Porque una maquina de escribir tendría que haber?
R- Sí, porque venían los señoricos a pedirle el favor, porque escribía muy bien… que venían bastantes, a hacer cosas de papeleos, de cosas.
P- Y me imagino que también gente que vendría a que le leyera cartas y papeles…
R- También, también… pero esos ya eran los de la gorra…
P- ¿Los de la gorra?
R- Sí, los que iban con la gorra y cuando llegaban se la quitaban y se la metían debajo del brazo.
P- ¿Qué eran? ¿Gente más humilde?
R- Claro, gente más humilde, obreros, con la camisa abrochadilla aquí arriba, y llegaban con su gorrilla, preguntaban por mi padre, por Sánchez… y se quedaban muy rezagadillos, yo le decía a mi padre: “Papá que está ahí uno con gorrilla”, y me contestaba mi padre: “¡Dile que pase!”
P- Y el abuelo ¿Les leía las cartas…?
R- Seguramente, él se metía en una habitación que tenía allí una mesa y unas sillas y eso, como un despachillo y allí los atendía. Yo les decía “los de las gorrillas”, porque enseguida que pasaban el dintel de la puerta se quitaban la gorra, se la ponían debajo del brazo…
P- Pero ¿Esa gente no le daba nada al abuelo?
R- Nada, supongo que nada, lo haría por gusto, y mi madre se lo decía, eso si me acuerdo yo que se lo decía, que le decía mi madre: “¡Hay que ver! ¡Tú nada más que dar, dar, dar! ¿Y si alguna vez nos hace falta? ¿Qué le vamos a dejar a nuestros hijos? Y le decía mi padre: “¡Oye! ¿Qué te dejó a ti tu padre y tu madre de herencia?, y mi madre contestaba: “A mí nada, yo tenía cinco años”, y él le decía: “Pues a mí tampoco me dejaron, así que cuando nosotros faltemos que trabajen, que para eso les estamos enseñando a que trabajen, que trabajen cómo nosotros estamos trabajando ¡De herencia nada! ¡Aquí no hay herencias! Lo que hay se gasta”. Eso sí se lo oía yo decir a mi padre
P- ¿Cuánto tiempo estuvieron la abuela y el abuelo juntos? ¿Sabes cuando se conocieron o cuanto estuvieron de novios?
R- ¡Pues ya ves tú! Sería cuando hizo mi padre la mili…
P- Vamos a intentar hacer un cálculo, porque vinieron ya con…
R- Con mi hermano que tenía ya, pues dieciséis o diecisiete años más que yo, así que hazte una idea…
P- Porque, entonces… llevaban mucho tiempo juntos.
R- Claro, mucho, mucho.
P- Bueno, pues cuéntame más cosas que te acuerdes de los dos.
R- Pues me acuerdo por el Corpus, que nos veníamos en el tranvía a la procesión del Corpus, porque a mi madre la procesión del Corpus no había quién se la quitara, cuando veíamos la procesión del Corpus, mi padre la acompañaba, y después cuando veíamos la procesión nos llevaba mi padre a Los Manueles y allí comíamos siempre lo mismo: Sopa de picadillo y albóndigas en salsa.
P- ¿Y croquetas no? Porque ¡Son famosas las croquetas de Los Manueles!
R- Pues a lo mejor, pero yo de las albóndigas en salsa y de la sopa de picadillo me acuerdo mucho, y luego ya después íbamos a ver las carocas, íbamos a ver… ¡Pues todas las cosas que hubiera en el Corpus! Y luego ya por la tarde, pues entonces ya era el punto fuerte… era coger un taxi, que eso ¡Para coger un taxi en aquellos tiempos!, y nos llevaba al pueblo, ya no nos íbamos en el tranvía, que ya estábamos muy cansados, pero que eso era una vez al año, y la procesión la veíamos en la Plaza de las Pasiegas, porque cómo allí trabajaba su hermano de dependiente en la casa Los Menas, que era una tienda… cómo… de quincalla, le decían quincalla.
P- ¿Antigüedades?
R- No, quincalla es… mercería, vendían de todo: Artículos de regalo y todo lo que hay de mercería…
P- Pero entonces ¿El abuelo además de llevaros a los niños a todas las cosas del Corpus, sería también por acompañar a la abuela?
R- Claro, porque él… la procesión… no.
P- ¿Y la Semana Santa?
R- A la Semana Santa le gustaba venir también.
P- Y ¿Allí en el pueblo había cosas así?
R- No, no.
P- Bueno, vamos a volver a cuando lo detuvieron ¿Al mes cuando dices que pasaron los falangistas a llevarse… o a buscar…?
R- A buscar lo que había.
P- ¿Volvieron alguna vez más?
R- No, ya no vinieron más. Pero luego mi hermano indagó, indagó a ver dónde estaba la radio y se enteró que habían puesto una Comandancia en la zona.
P- ¿De soldados o de guardias civiles?
R- De soldados, que la habían puesto en Albolote, y ahí indagó, y allí es donde estaba la radio.
P- Se la llevaron los falangistas y acabó en la Comandancia.
R- Pues sí.
P- ¿Se llevaron algo más?
R- Pues, la máquina de escribir, pero lo que más me acuerdo es de la radio, porque estábamos con la radio ¡Que hazte una idea! Yo lo único que les vi fue la radio en las manos, son cosas que se te… ¡Que ahora mismo los estoy viendo a los tíos! Pero que no me acuerdo de otra cosa, pero si de quitarle con una navaja las puntillas a los cuadros para mirar a ver si entre el cartón y la imagen había escondido algo, ¡Ah! Nos miraron hasta en la chimenea, en la chimenea también miraron a ver si había algo guardado… una bolsa… algún papel, miraron debajo de los colchones…
P- Y cuando buscaban ¿Estabais solas las tres?
R- Sí, las tres.
P- Y después de esto ¿Cuánto tiempo más estuvisteis en Pinos Puente?
R- Poco tiempo… cuando la aurora boreal.
P- No sabía que hubo una aurora boreal.
R- Pues hubo una aurora boreal
P- ¿En Granada?
R- En Granada.
P- ¿Cuándo?
R- Pues en ese tiempo… y me acuerdo que también tiraron veinticinco cañonazos, los rojos… digamos, bombardearon Pinos Puente con cañones y tiraron veinticinco cañonazos, que nos fuimos todos al campo… ¡Yo cuando llegué a mi casa no llevaba zapatos! Yo ya no se ni cuando se me perdieron, porque nos metíamos en las hazas que estaban recién regadas, y todo lleno de barro.
P- De barro hasta arriba…
R- Yo se que llevaba el barro hasta las rodillas, a mi madre, mi hermana y eso si les llegaba por los pies, pero yo lo llevaba por las rodillas, ¡Cuando yo me vi, no llevaba ni calzado, ni zapatos!... huyendo, y nos íbamos para un lado y pasaban las balas… por encima, mataron a dos muchachos que había sordomudos, que tenían al lado del Puente de la Virgen una barbería, cayó allí un cañonazo, yo me acuerdo que estaba en el colegio y fue mi hermana corriendo a por mí, y todas las madres fueron a por los niños al colegio, porque antes no recogían las madres a los niños en el colegio, que los niños nos volvíamos a la casa por nuestra cuenta, pero que aquel día todas las madres fueron a por ellos, y que fue mi hermana y que dijo que nos fuéramos corriendo que estaban cayendo cañonazos y que nos íbamos a ir al campo, que nos íbamos a ir de las casas.
P- ¿Y eso cuando fue? ¿Por Septiembre?
R- Pues cuando la aurora boreal.
P- ¿Cuándo fue la aurora?
R- Pues, es que no me acuerdo.
P- Te pregunto, porque ¡Es una cosa tan rara!, una aurora boreal en el sur de Europa es muy difícil, eso sería muy sonado, eso tuvo que salir en todos los periódicos.
R- Claro, y decían: “Está Graná ardiendo, ardiendo por los cuatro costados, Graná entera está ardiendo…” Y toda la gente de rodillas en el suelo, rezando, mirando para el cielo.
P- Yo me imagino, que lo utilizarían los nacionales para decir ¡Hay que ver los rojos que…!
R- Pues si, parecía que estaba Granada ardiendo entera, porque era todo el cielo, todo el cielo colorao, y claro desde Pinos Puente pues se veía todo el cielo rojo, rojo, rojo. Y después ya a otro día dijeron que era una aurora boreal.


Nota: Esta excepcional aurora boreal se pudo ver desde Inglaterra hasta todo el sur de Europa, el 25 de enero de 1936.


... continuará

Los objetos del abuelo




... de memoria lo cuento IV

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.


Pregunta - Pues te he preguntado antes lo del reloj, porque antes al ver la lista donde aparece el abuelo me has dicho que también aparece... a ver si lo encuentro.
Respuesta - Ah, el relojero Tentor.
P- El relojero Tentor, que se llamaba José Tentor Asensio.
R- Nosotros le decíamos Tentor.
P- ¿El relojero del pueblo?
R- Es que nosotros teníamos un reloj de pared muy grande, que lo tiene el primo.
P- ¿El primo Antonio?
R- Sí, porque se quedó la tita con el reloj, un reloj grande, y lo tiene el primo, no se si lo tiene en la casa de Huétor o en la oficina, un reloj muy grande, que ya creo que ni funciona ni nada, pero dice que lo tiene allí colgado. Y Tentor era quién se lo ponía en hora, que había que ponerlo en hora, y cuando se averiaba era el que venía a arreglarlo. El abuelo tenía reloj y mis hermanos también, mi hermano con dieciocho años tenía ya reloj, y mi hermano Pepe también, y mi hermana.
P- Te he preguntado, porque este José Tentor que hemos visto, que lo fusilaron el mismo día que al abuelo, pero tú sin embargo me has dicho que vosotros os enterasteis... ¿Cómo fue aquello?
R- Pues que yo pasé con mi prima, que mi prima vivía con nosotros, y nos quedamos muy sobrecogidas, porque vimos mucha gente, y llorando, y gente sentada en la puerta con sillas.
P- ¿En la puerta de José Tentor? ¿Era cerca de vuestra casa?
R- No muy cerca, pero cerca... en el pueblo. Y llegamos nosotras comentándolo, que en la casa de Tentor tenía que haber pasado algo, mi prima tenía tres años más que yo y dijo que veníamos muy sofocadas porque mira lo que habíamos visto, y dijo mi madre: “¡Ay! ¡Pobretico, ya ha caído él, ya ha caído! ¿Cuándo nos tocará a nosotros? ¿Cuándo nos tocará a nosotros…?” Y ya había pasado, porque claro, mi hermano iba de semana en semana.
P- Claro, por eso vosotras no os enterasteis hasta...
R- Hasta que fue mi hermano, y esas criaturas sabían lo que a mi padre le había pasado, pero no querían decirnos nada, no querían... porque después lo comentaron, y nos dijeron que si lo sabían, lo sabían porque es que los vieron subir en el camión, porque es que iba gente del pueblo, gentes de las mismas ideas que ellos pero que no se habían señalado, que no los habían detenido ni nada, iban todos los días a ver los que sacaban, a ver si iba alguno del pueblo, y dicen que los vieron a los dos en el camión, y que mi padre iba con el puño en alto... cantando. Y uno de estos hombres, entonces cuando llegó al pueblo pues lo fue comentando a la familia de Tentor, y les dijo: “Esta mañana ha caído tu marido y Sánchez.” Y ellos le dijeron que no habían visto a nuestra familia sobrecogida ni nada y les dijo: “Pues mejor, si no se han enterado, mejor que no se enteren” Y porque fue mi hermano a llevarle la ropa y entonces le dijeron: “No, a tu padre lo sacaron el día 25”, y era el día 29 cuando nosotros nos enteramos.
P- Y de Tentor ¿Sabéis porque lo cogieron?
R- Pues porque también era de las mismas ideas, también iba a la Casa del Pueblo y también era un hombre muy señalado... por sus ideas.
P- ¿Y sabes de más gente del pueblo que te acuerdes tú?
R- No…
P- Porque ¿Ha sido de casualidad que lo hemos visto en la lista?
R- No, ese lo sabía yo, que yo sabía que fue el mismo día, por eso lo he buscado yo.
P- ¿Y te acuerdas de más gente del pueblo, de Pinos Puente?
R- Sí… mucha gente, fueron trece o catorce niños también.
P- ¿Y eso?
R- Pues porque las madres mandaban a los niños con comida para los de la sierra, como mi madre me mandaba a mi a llevarle comida a mi padre a casa de su amigo, pues esos niños iban a llevarle comida a los padres a la sierra, y los pillaron y los mataron a todos, allí… a trece o catorce chiquillos…
P- ¿De Pinos Puente?
R- De Pinos Puente
P- Pero ¿Los fusilaron?
R- Mataos, mataos… Y había otro también, Virgilio… ¿Cómo se llamaba? Que ahora lo nombran mucho, que será algún hijo de él, que está también metido en todas esas cosas, uno de Pinos Puente… Virgilio, no sé, ahora no me acuerdo. Pero que sí… que había mucha gente, niños de diez años, de doce años, de trece años… mucha gente.
P- Entonces… el abuelo, él estaba… Vamos a irnos a cuando lo detuvieron. Estaba trabajando, el 18 de Julio ¿Sería viernes?
R- No lo sé.
P- Bueno, el día que fuera, pero el caso es que él… ¿Cómo me has contado?
R- Que no quiso ir a trabajar, que dijo que como no estaba de acuerdo…
P- ¿Pero eso lo has escuchado tú o te lo ha contado la abuela?
R- No, que lo han comentado en mi casa y yo lo he oído, que como él no estaba de acuerdo, pues que no había ido a trabajar.
P- Que no fue a trabajar en los primeros días…
R- En los primeros días del Movimiento… no fue a trabajar, y entonces pues le dijeron: “Mira que parece ser que te van a detener, porque te han puesto una denuncia”, y entonces él cogió y se fue a la sierra, y mi hermano se fue con él.
P- ¿Qué edad tenía tu hermano?
R- Diecisiete o dieciocho años.
P- Y el abuelo cuarenta y siete.
R- Pues si, cuarenta y siete. Y se fueron los dos, mi hermano se quedaba por allí y mi padre bajaba todos los días, yo le llevaba la comida a casa de ese amigo.
P- ¿Cómo quedabais?
R- Pues a una hora, a mediodía, él bajaba y… como él, de noche no cenaba.
P- Es verdad, que me habías dicho que el abuelo de noche no cenaba.
R- Y yo le llevaba su leche y sus galletas para la noche, en invierno calentaba la leche, echaba las galletas y cuando ya se veían las letras grandes, que ponía Las Marías, cuando ya se ponían las letras grandes, entonces con su cuchara se las comía, y en verano la leche fría.
P- ¿Y eso es lo que cenaba?
R- Sí, eso era.
P- Y entonces quedabais un día ¿Y dónde quedabais?
R- En casa del amigo…
P- ¿Cómo se llamaba?
R- Pepe López, que tenía dos niñas de mi edad: Virginia y Conchita, y entonces pues yo iba, como iba… a jugar con mis amigas, pero yo en vez de a jugar con mis amigas, lo que iba era… que me subía para arriba, para arriba, para arriba y me entraba por los campos aquellos… por los campos que tenían, y allí me reunía con él y le llevaba la comida, estábamos un rato… pero ni mi madre cruzaba, ni mi hermana, ni mi hermano, ni nadie.
P- Sólo tú, que eras una niña.
R- Nadie más que yo.
P- ¿Para qué no sospecharan?
R- Para que no sospecharan, porque ellos tenían dos niñas de mi edad, y era cómo si me fuera a jugar con ellas, y ya está…
P- ¿Y eso lo hacía más gente en el pueblo?
R- Pues no lo sé.
P- Es que como hemos hablado antes de otros niños ¿Esto se sabía? ¿Quién podía saber esto?
R- Amigos, amigos, los amigos de él, le decían: “Que no seas tonto, que te vengas, que no seas tonto, que tu no tienes…”
P- ¿Delitos?
R- “No tienes delitos, ni has perseguido a nadie, ni has perseguido a curas ni a monjas, ni has prendido fuego a nada, que ha sido nada más… tu palabra, tus gestos, y ya está…” y entonces pues él se confió, y se vino, y fue cuando vino la guardia civil.
P- ¿Cuánto tiempo pasó desde que se bajó, desde que ya estuvo en la casa, en el pueblo, hasta que vino la guardia civil y lo detuvieron?
R- Pues… transcurrió en días, en días.
P- Osea, que eso enseguida se tuvo que saber, que el abuelo...
R- Claro, porque fue… en días, porque eso fue el 18 de Julio, y el 25 de Agosto ya no estaba en el mundo, pues ya ves tú… un mes, transcurrió un mes. Entonces se vino y entonces fue mi hermano Pepe, fue allí a la fábrica, y dijo que mi padre no podía ir porque estaba en la cama malo… de eso no me había acordado yo hasta ahora… fue mi hermano Pepe a la fábrica, y habló con este… con D. Miguel.
P- ¿D. Miguel…?
R- D. Miguel Carbonell… o algo así, y le dijo: “Mire usted D. Miguel, que mi padre no puede venir porque está malo en la cama”, y dijo: “¡Ay, eso no lo sabíamos nosotros! Pues ya está, que se mejore y cuando se ponga bien que venga, que tranquilamente, tranquilo”. Eso fue lo que yo oía, lo que oía por detrás de las puertas.
P- Porque el abuelo, parece que era apreciado, porque además trabajaba de contable, que siempre tienes que poner a alguien de confianza… que maneje los dineros.
R- Si, claro, y entonces pues a los pocos días de estar en la casa, estaba acostado, me acuerdo yo que estaba acostado, y llegó la guardia civil, se vistió, y se lo llevaron, estuvo dos o tres días en los calabozos.
P- ¿Eso lo viste tú?
R- Si.
P- ¿Lo viste tú, llegar la Guardia Civil y eso?
R- La Guardia Civil.
P- ¿Qué dijeron?
R- ¡Pues ya ves tú!… que uno de ellos era Prados, que era amigo suyo.
P- ¿Uno de los guardias civiles era amigo suyo?
R- Prados, era amigo suyo, y dice: “Pero, ¿qué pasa Sánchez, que me han mandado que tienes que ir para… que te quieren hacer unas preguntas en el Ayuntamiento?”... Bueno, la comisaría o lo que fuera, ni lo esposaron ni nada, yo me acuerdo de estar en la puerta y se fue fumando un cigarro con los guardias civiles, tan tranquilo, si eran amigos suyos, pues se fue. Pero luego vinieron a decirnos que no… que se tenía que quedar allí por la noche, en el Ayuntamiento, entonces yo ese día fui a llevarle la leche, al otro día el almuerzo y a otro día el almuerzo, y cuando fui a otro día al almuerzo…
P- ¿Al cuarto día?
R- Al tercer día, ya no estaba.
P- ¿Y qué te dijeron?
R- “Pues mira niña, que tu padre se lo han llevado a Granada, a la cárcel”… ¿Tenía un nombre la cárcel?... bueno, “Que a tu padre se lo han llevado a la cárcel y que está en Graná”, y sí me acuerdo que yo dije: “¿Y yo que hago?”, y dice: “Pues que te vayas a tu casa, que te lleves la comida, y se lo digas a tu madre y a tus hermanos y que estén al tanto, que está en Graná”. Entonces ya cuando vino mi hermano por la tarde de trabajar, que trabajaba en Sierra Elvira, en la fábrica de cementos, que estaba de contable también, y vino y se lo dijo mi madre, y dice: “Mañana le pido yo a D. José” , porque él le decía D. José, porque aunque era su cuñado de novios, porque ya era novio de la tita Chon y el director de la fábrica era hermano de su novia, él le decía D. José, “Pues mañana le pido yo permiso a D. José León y me voy yo para Graná” y se fue al día siguiente a Graná, y le dijeron: “Mira, no tiene cargos ningunos”
P- ¿Y ya el abuelo estaba en la cárcel?
R- Sí, en la cárcel, le dijeron: “No tiene cargos ningunos”… y creo que habló y todo con él, con el abuelo, y él mismo le dijo que no tenía cargos ningunos, le dijo que tenía una denuncia de que no se había presentado al trabajo, era la única denuncia: que no se había presentado al trabajo.
P- Y tú, todas las veces que ibas a llevarle comida al Ayuntamiento ¿Hablabas con él?
R- ¡Claro!
P- ¿Y qué te decía a ti el abuelo como niña?
R- “Tú no te asustes, que esto yo, mañana o pasado estoy en la casa, tú no te asustes”, y yo le decía que no estaba asustada, yo en verdad es que no me asustaba… después si… cuando… cuando ya le pasó… y ya está… y así pasó…
P- Y después, cuando…
R- Que ya está, que en eso transcurrieron… días, si… eran días, si fue en un mes todo, eran días, ya mi hermano entonces, pues con no se quién mandó un recado diciendo que él se iba para el Frente…
P- ¿Tu hermano?
R- Si, que él ya no estaba más en la sierra.
P- Ya, cuando se enteró…
R- Cuando se enteró, dijo que él no volvía más para el pueblo, que se iba para el Frente, que se había hecho miliciano, y que se iba para el Frente, estuvo en el Frente, estuvo herido muy grave, en la batalla esa… de Teruel, en el Ebro, estuvo herido y le quitaron una costilla. Y entonces, pues que ya está, que estuvimos tres años sin saber de él.
P- ¿Sin saber de él? ¿Ni una carta?
R- Nada, nada, nada.
P- ¿Hasta el final de la guerra?
R- Hasta el final de la guerra. Ah, con lo de mi padre, pues que ya está, que fue mi hermano, que iba todas las semanas, y que esa semana fue y que le dijeron lo que había pasado, y ya está, y no le dieron más explicaciones, cómo ropa no tenía, que allí lo que le ponían eran unos monos, que lo único era la ropa interior… pues ya está.
P- Y ¿no os dieron nada, ni un reloj, ni alguna pertenencia?
R- Ni reloj, ni las tijerillas que llevaba…
P- Ah, pues háblame de las tijerillas, que me ha llamado la atención antes que lo has mencionado cuando estaba detenido en el Ayuntamiento, cuéntame eso, porque creo que nos da un dato de la confianza que podían tener en él, cuando le permiten tener unas tijeras estando detenido.
R- ¡Ahí esta! Pues me dijo mi padre: “¡Ay! ¡Que uñas tienes! ¡Cómo se ve que llevo más de una semana sin cortarte las uñas!, ven acá que te corte las uñas, con estas no puedo mucho porque tienen las puntas redondas”… y me cortó las uñas, que a mi siempre me ha gustado tenerlas bien cortadas, muy repeladas, que no he tenido nunca las uñas largas… la costumbre será de que él me las cortara muy repeladas, me dijo: “¡Cómo se conoce que no estoy yo en la casa para cortarte las uñas!” ¡Ay! Y otra cosa que te voy a decir que me dijo: “Que le leas a tu madre el periódico”
P- ¿La abuela sabía leer?
R- No sabía leer.
P- Ah, ella no sabía leer
R- “Que le leas a tu madre el periódico, que se entere tu madre de todo lo que pasa en el mundo, que no dejes de leerle el periódico… y las novelillas esas que a ella le gustan, que le traen todas las semanas las hojillas”, que era Genoveva de Brabante . “Que se las leas” porque era él el que se las leía, que todos los días se ponía y le leía las novelas, y le leía las noticias que él veía más importantes se las leía.
P- ¿Y cómo es que no le enseñó el abuelo a leer?
R- Porque no quería aprender.
P- ¿Ella no quería aprender?
R- Decía que ella ya lo tenía todo aprendido en la vida, siempre decía lo mismo.


... continuará

Fueron 39, los 39 son

Las personas que acompañaron en sus últimas horas a José Sánchez Castillo aquél fatídico 25 de agosto de 1936, además del abuelo, aparece José Tentor Asencio, el relojero de Pinos Puente, otras muchas aparecen sin nombres ni apellidos... borradas para siempre. Estas son las listas que Eduardo Molina Fajardo transcribió y publicó en su libro, dichas hojas fueron arrancadas en los años 60 de los libros de enterramientos del cementerio de Granada, quedando sólo documentadas en este libro.

... de memoria lo cuento III

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.



Pregunta-Bueno, vamos a seguir, para que no se nos olvide, me has dicho que el abuelo trabajaba en la fábrica de...
Respuesta- En la fábrica de Carbonell, en la fábrica de orujo de Carbonell.
P- ¿Y qué puesto era el que tenía?
R- De contable.
P- O sea, que tenía que haber estudiado contabilidad o algo así.
R- Claro, enseñó a mi hermano contabilidad.
P- Digo... que eso, en el Padre Manjón no lo estudió.
R- No, después en el instituto o en lo que fuera.
P- ¿No sabes en que instituto estudió después?
R- No, no.
P- Porque, a la Universidad no fue ¿no?
R- No lo sé. Quien lo conocía muy bien, pero ese hombre ya se ha muerto, era Moscoso... Aguilar Moscoso.
P- ¿Del nombre te acuerdas?
R- José Luís Aguilar Moscoso, ese si lo conocía muy bien.
P- ¿Y era?
R- ¿Era director de la Casa de la Perra Gorda?
P- ¿El director de la Casa de la Perra Gorda? ¿La que hay en la Gran Vía?
R- Sí, porque fue mi padre el que lo enseñó a él.
P- A ver... a ver, ¿El abuelo...?
R- El abuelo le enseñó, lo puso a estudiar con él, él fue el que lo enseñó.
P- ¿Y después ese hombre fue el director de la Casa de la Perra Gorda?
R- Sí, porque es que cuando, cuando tu hermana Mari Carmen se presentó a los exámenes de la Seguridad Social, pues fui yo, le dije a tu hermana que viniera conmigo que íbamos a hablar con ese hombre, que en cuanto me viera se iba a alegrar mucho.
P- ¿Y ese hombre ha muerto ya?
R- Ya ha muerto, y vivía en la Casa de la Perra Gorda, en el primer piso.
P- Pero que ¿sería un hombre más joven para que le pudiera haber enseñado el abuelo?
R- Claro, era más joven. De esto que te cuento hace ya más de treinta años, fue cuando iba a colocarse tu hermana, y fui y hablé con él, me dijo: “¡No me digas que tú eres hija de Pepe Sánchez! Dijo ¿Qué quieres que yo te ponga en la mano? Me dijo: “Tu padre era un adelantado de su tiempo”
P- ¿Y por qué crees que decía eso este hombre?
R- Y mira, que ese hombre era católico
P- Y entonces ¿Por qué crees que decía eso este hombre del abuelo?
R- Porque decía que era un adelantado de su tiempo, me dijo: “Me acuerdo una vez”, me lo contó como una anécdota, me dijo que cogió y le puso a... ¿Cómo se llama ese que está, que siempre ha estado en la plaza donde los abogados?... Donde está la iglesia de San Justo y Pastor.
P- ¿Dónde está la Universidad de Derecho?
R- Donde está Derecho, hay había un...un... santo, no sé, puesto allí.
P- No, allí está Carlos V, el emperador Carlos V en una estatua.
R- Carlos V...
P- Que está con una espada.
R- Si, que está con una espada, Carlos V, yo no sé, pero en la estatua que hubiera allí, “Ahí se encaramó tu padre y le puso una bandera tricolor en el cuello.” Me dijo.
P- ¿Si? Jajá, es curioso, porque a esa estatua es a la que se suben los estudiantes todos los años y alguna vez le arrancan un brazo, otra vez le arrancan la espada... ¿Y ahí se subió el abuelo?
R- Si, me dijo: “Ahí se subió tu padre”
P- Entonces... ¡El abuelo era republicano!
R- No lo sé.
P- Ya… pero si se subió a poner una bandera...
R- Me dijo: “Le puso a la estatua en el cuello una bandera republicana”
P- Y esto ¿Te lo contaba este hombre?
R- Este hombre.
P- Aguilar Moscoso.
R- Me decía: “¡Qué vengas por aquí siempre que quieras! Yo ya estoy para jubilarme, pero descuida que si tu hija lo necesita... vamos a dejarla que haga las oposiciones, que las saque por su cuenta, que si no las saca por su cuenta ya vemos que hacemos”.
P- Eso era porque había gente agradecida al abuelo ¿No? Ese hombre...
R- Dice: “Pero si yo he estado en tu casa y he estado comiendo en tu casa, lo que es que tu eras muy chiquitica, no me acuerdo si habías nacido, yo de quien me acuerdo es de tu hermano Pepe y de tu hermana Lola, que tenía una cosa en el ojo, de esos dos si me acuerdo, pero ya de tí no. Yo le he hecho unos patines que hacíamos, que se los hacía yo a tu hermano Pepe cuando era chico”.
P- ¿Y de qué más cosas te acuerdas tú, de referencias cómo ésta que me has contado de Aguilar Moscoso, de gente que hablara del abuelo, para que nos podamos hacer una idea de cómo pensaba el abuelo? ¿De qué más gente te puedes acordar que conociera al abuelo?
R- Me acuerdo también de cuando yo me coloqué en la sastrería Los Hidalgos...
P- ¿Eso cuando fue más o menos? ¿Cuantos años tendrías?
R- Tendría yo veinte años...
P- Veinte años... entonces, ya llevaba el abuelo diez años muerto, más o menos.
R- Y cuando yo me coloqué, y claro, me hicieron la ficha para darme de alta y todo, me dice D. Antonio Hidalgo...
P- ¿Antonio Hidalgo...? ¿Te acuerdas del segundo apellido?
R- ... Que ya ha muerto también, era el tío de ese Nono que es de deportes, Nono Hidalgo... uno que es de deportes.
P- ¿Y era Antonio Hidalgo, que tenía la tienda de...?
R- Eran los dueños, eran tres hermanos que tenían la sastrería... ahora no me acuerdo del nombre.
P- Pero, ¿dónde estaba la sastrería?
R- En la calle Mesones.
P- La sastrería, que es una tienda de tejidos ¿Los Hidalgos?
R- Los Hidalgos... Sastrería Hidalgo.
P- Yo me acuerdo que Papá, siempre que pasábamos por allí, hemos parado...
R- Si, tu padre trabajaba para allí también. Bueno, pues cuando yo me fui a colocar allí, pues entonces dice: “¿Y de Pinos Puente? ¿Tú eres hija de Sánchez? ¿No me digas que eres hija de Sánchez? ¡Pero si nosotros te hemos tenido en...!”
Porque tenían una tienda de tejidos enfrente de donde vivíamos, porque él era de Granada, pero se casó con una de Pinos Puente, María, y cómo yo vivía enfrente y me manoseaban mucho.
“Te sentábamos en el mostrador y te decíamos que nos contaras cuentos, que nos contaras cosas, ¡Que tenías mucha gracia para contar las cosas!, y te sentábamos en el mostrador ¿No me digas tú que eres la hija de Sánchez? Que te hemos tenido en nuestros brazos y ahora vas a venir a colocarte aquí”. Y hablaba muy bien de mi padre, me decía: “Lo de tu padre si que fue una pena, fue sentío en todo el pueblo, en todo el pueblo. Nadie se podía creer que eso le podía pasar a un hombre tan bueno, a una tan buena persona, a una tan buena persona...”
P- Hay una cosa que no se si te la he escuchado a ti o hablando con el primo: que el abuelo enseñaba a leer a...
R- Enseñaba a leer a todo el que quisiera, y cuando se quedaba una mujer viuda se ponía en la puerta de las fábricas a pedir con el sombrero, a pedir dinero para juntarle dinero a la viuda, todo esto me lo dijo este hombre de la tienda, de Los Hidalgos.
P- ¿Vive alguno de ellos?
R- No, ya se han muerto todos.
P- Porque serían mucho más mayores que tú.
R- Mucho más
P- Y eso que cuentas, lo de escribir ¿Es que iba la gente a la casa?
R- Si, ¡Pero los señoricos y todo!
P- Pero, lo de los señoricos si me lo has contado, es que era que les escribía las cartas a máquina.
R- Claro, para cosas que tenían que hacer, las instancias...
P- Pero eso era ¿más o menos un favor? Porque después me dices que le mandaban... ¿Cómo era?
R- En Navidad o para San José, pues le mandaban gallinas, le mandaban gallos, le mandaban un jamón.
P- Pero yo, sobre lo que te preguntaba era que entendía que enseñaba a leer y a escribir a la gente...
R- A todo el que quisiera.
P- Pero, ¿que iban a la casa? ¿que él iba a otro lado?
R- Él iba, él iba, a los muchachos jóvenes, mis hermanos ninguno ha ido al colegio, y yo cuando fui al colegio tenía cinco años, yo ya leía en el periódico.
P- ¿Quién te enseñó a ti?
R- Él.
P- ¿Te acuerdas que leías?
R- Teníamos que leer todos los días, todos los días, todos los días... en… ¿Cómo se llama eso?
P- ¿En el periódico?
R- No... Eso de Sancho Panza...
P- En El Quijote.
R- Eso, en El Quijote, eso, todos los días había que leer un trozo.
P- ¿Pero todos los hermanos juntos?
R- Juntos todos los hermanos.
P- ¿Pero lo leía el abuelo?
R- Lo leía él y luego cada uno íbamos haciendo un pedazo... comentábamos, bueno... yo oía a mis hermanos comentar con él de cosas de esas, yo como era más chica pues ya me ponían a leer la última. El Quijote ese lo tiene el primo José en Madrid, porque claro se lo llevó su padre y él se lo quedó, él tiene el libro. Y eso sí, que cuando veía a alguna mujer necesitada la traía y le decía a mi madre: “Prepárale a esta mujer un cesto” y decía mi madre: “¿Un cesto?” y él decía: “Sí, échale garbanzos, échale tocino para que ponga pucheros”, y decía mi madre: “¡Pues tendrás que ir mañana para que nos traigan otra vez compra!”
Porque nosotros, no teníamos tierras, era de lo que compraba mi padre en el mes.
P- Pero ¿No erais una familia con dineros? ¿No? Porque ¿La casa no era vuestra? Me has dicho que era en alquiler ¿El abuelo no tenía propiedades?
R- No, ninguna, ninguna.
P- Su trabajo nada más.
R- Sí, su trabajo, que era bueno, ganaba buen sueldo.
P- ¿Tú te acuerdas lo que ganaba?
R- Pues lo que ganaba no lo sé, pero... de casa me parece que eran cinco duros al mes lo que había que pagar.
P- ¿De alquiler? ¿Cinco duros?
R- Si
P- ¿Y eso era mucho dinero?
R- Claro.
P- Te vuelvo a preguntar sobre lo de enseñar a la gente a leer y escribir, porque eso era en cierta manera una forma de señalarse. Porque... si esas clases las daba en la Casa del Pueblo ¿De eso sabes tú algo?
R- No lo sé, pero que a lo mejor era eso, porque en la casa no era, no iba la gente a la casa.
P- Además él, con el trabajo que tenía, pues sería cuando saliera del trabajo ¿Te suena que el abuelo estuviera relacionado con la Institución Libre de Enseñanza? ¿Con las Misiones Pedagógicas?
R- No lo sé, yo lo único es que a él, el periódico que le traían era El Imparcial.
P- El Imparcial ¿Y le traían el periódico todos los días?
R- Todos los días a la casa, el cartero.
P- ¿O sea, que el abuelo leía el periódico a diario?
R- Si, El Imparcial, a mí me traían El Jeromín.
P- ¿Eso que es?
R- Un tebeo.
P- ¿Un tebeo?
R- Si, Jeromín, y a él le traían a diario y todos leíamos El Imparcial, y el mío venía una vez a la semana.
P- ¿Y ningún otro periódico más?
R- Bueno, algunas veces veía yo allí el periódico Ahora, que se llamaba así.
P- Sí, se llamaba Ahora ¿Y alguno como Mundo Obrero o alguna cosa de esas?
R- No, no me suena, El Imparcial sí y era a diario, nos lo traía el correo, el cartero.
P- ¿El Ideal no?
R- No, pero, ¿Entonces no existiría el Ideal?
P- Sí, porque en el 36 los bandos y todas las cosas se publicaron en el Ideal.
R- Eso sí, pero él leía El Imparcial, que creo que era de Madrid.
P- Yo es que no sé de donde era la cabecera, pero para que viniera a Pinos Puente a diario no creo que fuera de Madrid, porque en aquella época no estaban las comunicaciones cómo para venir todos los días el periódico.
R- ¿A lo mejor no era a diario?
P- Quizá no te acuerdas tú bien, y un día venía y otro no.
R- Yo lo que sé es que lo traía el cartero.
P- Lo que si está claro que en esa época, igual que te he dicho antes sobre lo de los cuentos de Pipo y Pipa... pues no todo el mundo leía el periódico.
R- No.
P- ¿Y cómo era? ¿Cómo le gustaba vestir al abuelo?
R- Muy pulcro, era muy presumido.
P- ... Cómo has hablado antes del sombrero.
R- En invierno sombrero de fieltro y en verano ese... ese de galleta, como de Charlot
P- Sí, creo que se llama de canotier o algo así.
R- Me acuerdo que como le gustaba mucho ir a los castillos.
P- A los castillos... a los fuegos artificiales.
R- Se ponía en primera fila y una vez le cayó un cañizo y le rompió el sombrero y ¡Venía de preocupado! Y decía mi madre ¡Hay que ver, pues no te pongas en primera fila! Pero es que le gustaban mucho los fuegos artificiales.
P- ¿Tenía reloj?
R- Si tenía reloj, un reloj colgado con cadenilla, colgada en el chaleco, en su chaleco, y los cuellos almidonados, los puños almidonados.
P- Mamá, ¿De qué más te acuerdas, de cosas personales como éstas?
R- ... De trajes, de cuando se resfriaba, que como tenía un médico de allí del pueblo, D. Felipe Fajardo, que era amigo de él.
P- Felipe Fajardo ¿Te acuerdas del segundo apellido?
R- No, nada más que era el doctor Fajardo, era el médico de allí, de Pinos Puente y que venía para los demás de la casa, pero para él no quería que viniera, cuando se resfriaba, que lo hacía a menudo, ponía el sombrero a los pies de la cama y ponía la botella de coñac en la mesita de noche...
P- ¿Y a fuerza de coñac se quitaba los resfriados?
R- Decía: “Cuando yo no vea el sombrero ya estoy bueno”
P- Jajá, jajá.
R- “Cuando yo déje de ver el sombrero ya estoy bueno” Jajá, jajá.
P- En la casa había... -porque si la abuela era católica- ¿Había en la casa crucifijos y cosas de esas?
R- Ah, sí... y santos por todos lados.
P- ¿Y él lo admitía?
R- Sí.
P- ¿Qué santos tenía la abuela?
R- Pues mira, tenía: San Antonio, La Inmaculada, el Cristo del Paño... ¡Yo que sé!, la Santa Cena... todos los santos que pueda haber... Santa Bárbara.
P- Pero tenías una tú, que me acuerdo que cogimos de no sé donde...
R- Pero esa era de mi padre, la que tengo yo ahí, la Virgen de las Nieves, porque esa es de Dílar, esa es la patrona de Dílar.
P- Pero... entonces ¿Por qué la tenía el abuelo?
R- Porque la recortó de El Imparcial, que la traía una vez.
P- Ah, salió la Virgen en El Imparcial y el la recortó, pero supongo que por aquello de que era del pueblo.
R- De su pueblo de él. Que la tengo yo en mi dormitorio puesta.
P- Pero no porque el creyera...
R- No, pues porque era de su pueblo... y le chocó aquello mucho y la recortó y la tenía.
P- Entonces ¿Es esa que está en tu dormitorio de color amarillo?
R- Claro, porque salió en El Imparcial.
P- Pero, es muy grande.
R- Es que El Imparcial era un periódico con unas hojas muy grandes.

... continuará

La Virgen de El Imparcial y los tebeos Jeromín


... de memoria lo cuento II

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.


Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: "La memoria es el corazón del hombre".

Pregunta Lo que si es curioso, por la manera de pensar del abuelo… era porque tenía una forma de pensar… ¿Distinta? ¿No? Porque antes estábamos hablando de por ejemplo: Cuando sacamos los cuentos de Pipo y Pipa, los cuentos esos que tenemos y que te regaló el abuelo ¿Con que edad te regaló esos libros?
Respuesta Pues la Navidad esa, en los Reyes antes. Yo tenía… pues si mi padre murió en Agosto y los Reyes fueron en Enero, pues en el 1936, pues unos ocho añitos.
P- Es que a mi me llamó la atención, porque estuve mirando y el dibujante de los cuentos de Pipo y Pipa, pues estaba cercano a todo el movimiento de la Institución Libre de Enseñanza, son cuentos, son libros que no es “normal” regalar, salvo que estés cercano a esto, porque ¿El abuelo, por supuesto, sabría leer y escribir…?
R- ¡Bueno! Mira la letra que tenía.
P- Porque, a nivel de la escuela ¿Qué estudios tenía?
R- Él estudió con…este, con el Padre Manjón.
P- ¿En las escuelas del Ave María?
R- Si.
P- Pero, esas escuelas eran para gente pobre ¿No?
R- Él, ¡Le tenía un afecto al Padre Manjón!, él tenía colgada una fotografía del Padre Manjón y otra de Pablo Iglesias.
P- ¿Por qué sabes tú que era de Pablo Iglesias? Porque, alguna vez has hablado de una foto de un tío con barbas. ¿Te suena a ti que fuera Pablo Iglesias?
R- Claro, porque después la he visto yo en la tele, y he dicho: ¡Cucha, si es igual que la fotografía de mi padre!
P- Pero, podría ser la fotografía de… Carlos Marx que también tiene barbas en las fotos.
R- No, no, de Pablo Iglesias.
P- ¿Y tú sabes si el abuelo era socialista? ¿O era del Partido Socialista entonces?
R- Según el primo, él dice que ha oído decir que mi padre fue alcalde de Pinos Puente, y mi padre no fue alcalde de Pinos Puente.
P- ¡Hombre eso se puede saber!
R- Le digo: “No, Antonio, alcalde no”. Él dice que le han dicho que salió una vez a echar un discurso en el balcón del Ayuntamiento, puede ser que hubiera alguien echando un discurso en el balcón de la entrada del Ayuntamiento y cómo nuestra casa lindaba justo al Ayuntamiento, puede ser que él estuviera asomado al balcón de la casa, estando el otro echando el discurso.
P- Claro, pero que a ti no te consta que el abuelo fuera militante de...
R- No, eso no lo sé.
P- Es que, por ejemplo, aunque esos archivos si que es verdad que se perdieron muchos, pero a lo mejor si fue militante si podemos enterarnos...
R- Pero que sí iba a la Casa del Pueblo.
P- ¿Iba a...?
R- A la Casa del Pueblo, mi hermano Antonio y él.
P- Pero bueno, en la Casa del Pueblo habría un bar y podría ir a... Bueno, los que iban a allí...
R- Los que iban allí, iban a lo que iban, que por eso buscaban en la casa los falangistas, a ver si había papeles.
P- Porque cuando estábamos antes hablando, me has contado sobre una visita de Fernando de los Ríos.
R- Sí, que fue allí al teatro.
P- Él fue Ministro de la República, cuéntame de eso.
R- Que fui yo, yo era pequeña, pero yo me acuerdo de ver al tío allí... al hombre, echando un discurso y yo sentada al lado de mi padre y mi padre decía: ¡Has visto, has visto! ¡Mira qué bien habla este hombre! ¡Has visto tú qué bien habla!
P- ¿Y te llevó el abuelo?
R- El abuelo, al mitin que echaba Fernando de los Ríos.
P- ¿Y por qué vino allí? ¿Por alguna inauguración de algo? ¿Tú te acuerdas en que fecha pudo ser?
R- No, no me acuerdo.
P- ¿Sería para las elecciones en las que acabó ganando el Frente Popular?
R- Seguro... eso... eso... el Frente Popular, del Frente Popular si era mi padre, del Frente Popular, eso lo oía yo mucho a él decir.
P- ¿Es posible que se presentara para las elecciones? ¿O que fuera vocal de alguna mesa? ¿Tú no sabes?
R- No, del Frente Popular, esa palabra se la oí yo, de eso si hablaba él mucho. Yo no sabía lo que era eso, ni lo sé todavía.
P- Pues era una agrupación de izquierdas que se presentó a las elecciones.
R- Tu primo dice: “Es que tu padre era republicano.”
P- ¿Tú sabes si era republicano?
R- Yo no lo sé, si era republicano o no, es que no lo sé.
P- Pero ¿Tú escuchaste conversaciones hablando del Rey o de la República?
R- No, pero es que mi madre de eso no quería oír hablar.
P- Porque la abuela, tu madre, me has dicho antes que cuando te llevó el abuelo a ver a Fernando de los Ríos no le gustó mucho.
R- Le formó una que pá qué.
P- ¿Qué decía la abuela?
R- A mi madre le costó eso un disgusto. Decía que por qué me había tenido que llevar, que si fuera un niño vale.
P- Ah, bueno, ya, ya, lo decía porque eras niña.
R- Por niña.
P- Pero no porque fueras chiquitica o eso.
R- No, decía: “¿Para qué tienes que llevar a la niña a eso… a cosas de políticas…? ¡Tienes que llevar a la niña a eso, si fuera un niño vale! ¡Pero una niña!” y decía el abuelo: “¡Pues que vaya aprendiendo! ¡Anda ya, que eres una chaquetera!”, de eso si me acuerdo que se lo decía: “Que eres una chaquetera, que adonde se está mejor… ahí te vas… y yo, yo tengo una idea fija”
P- Es que, en esa época mamá… mujeres que estuvieran apuntadas a algún partido… ¿Tú conocías a alguna del pueblo…? Bueno, tú no…porque eras una niña, pero ¿te suena de alguna mujer?
R- La novia de mi hermano, esta Virtudes, esta Virtudes…
P- ¿Virtudes… que más…?
R- Virtudes, esta muchacha que era novia de mi hermano Antonio…
P- Sí, que lo estuvo esperando… y luego cuando llegó tu hermano Antonio se murió.
R- Pues a la hermana de esta mujer si la pelaron y le dieron aceite de ricino… y la pasearon por todo el pueblo… la criatura iba cagándose, andando y cagándose y pelada.
P- ¿Pero por qué?
R- Porque era de la Casa del Pueblo.
P- ¿Era de la UGT…?
R- De la Casa del Pueblo… Allí lo que había era la Casa del Pueblo, por eso cuando dice el primo Antonio que el abuelo era anarquista, yo le digo que me parece que mi padre anarquista no era, porque él lo que iba era a la Casa del Pueblo… y esos eran socialistas.
P- ¿Y de esa mujer que hablas? ¿Sabes algo de ella?
R- No, nada, sólo que cómo estaba señalada… porque iba allí… porque allí iban muchas mujeres jóvenes.
P- ¿Si? ¿En Pinos Puente?
R- Sí, a esa la pasearon por el pueblo, ya te digo ¡Que la pelaron a rapa! ¡Y con aceite de ricino! Y a muchas muchachas jóvenes.
P- ¿Pero eso lo viste tú? ¿O te suena que lo hicieran?
R- Sí, sí que lo vi, a muchas muchachas jóvenes, ¡Es que son muchos recuerdos! Y yo lo vuelvo a decir y lo vuelvo a repetir que… dicen… dicen… de los traumas de los niños…
P- Mamá, es que es normal que eso no se olvide, fue algo muy grande una guerra civil…
R- Porque hoy los niños tienen de todo, como tu sobrino, que el otro día me enseñó, me estuvo enseñando su cuarto, su armario y… ¡tenía un cajón grandísimo lleno de zapatos! Y ¿sabes lo que me decía mi madre cuando yo me quería comprar alguna ropa? Que a lo mejor yo había visto una tela muy bonita, que me podía hacer una falda, o que me podía hacer una blusa, y decía mi madre: “¡Para un cuerpo con lo que tienes, tienes bastante! ¡Para un cuerpo que tienes, con lo que tienes… tienes bastante! Y yo ya estaba trabajando y daba dinero en mi casa, pero tenía que decirle que me diera para comprarme la tela ¡Para hacérmelo yo! ¡Y nos conformábamos! Y decirme mi madre, eso si lo tenía por costumbre, por ejemplo: Venía la fiesta de la Inmaculada, que era un día de fiesta y a los dos días… pues venía el domingo, pues entonces o podías salir el día de la Inmaculada o el domingo ¡Pero los dos días de fiesta no! Tenías que escoger entre uno de los dos días, que me decía mi madre: “¡Es que las mujeres se ponen muy vistas en la calle!” y yo me encaraba y le decía: “¡Vistas, vistas para salir a pasear! ¿Y vistas para ir a trabajar todos los días? ¡Entonces, no nos ponemos vistas! Jajá, jajá.
P- ¿Y que edad tenías tú entonces?
R- Pues… por lo menos, quince o dieciséis años.
P- ¡La rebeldía de la adolescencia!
R- Y un día, pues teníamos buena amistad con el párroco de allí… de San Andrés, pues las muchachas nos reuníamos allí, porque eran las reuniones que teníamos, pues nos íbamos a la Casa de los locos, a llevarles chocolate, o nos íbamos a las Hermanitas de los Pobres, les llevábamos pasteles… esas eran las salidas nuestras, y un día pues hablando con el párroco de allí que era D. Rafael Ponce de León, le dije: “¿Sabe usted lo que me ha dicho a mí mi madre?” y se lo conté, y me dijo: “Pues dile a tu madre que te he dicho yo que tu madre es de las que dice que la ropa en el buen arca se guarda, pero dile que también de vez en cuando hay que sacar la ropa y airearla”, y se lo dije a mi madre y decía: “¡Cúcha! ¡Hay que ver con el cura! ¿Por qué os tiene que decir eso el cura? ¡Vaya con el cura!
P- Es que si no, ¿cómo os iba a salir novio? Jajá jajá…
R- Claro, porque el abuelo pensaba de otra manera, nada más por llevarme a lo de D. Fernando de los Ríos…
P- Eso también es una seña de cómo pensaba el abuelo, de alguna orientación política... por lo menos si es alguien que es capaz de llevar a una niña, a una mujer, a una cosa de esas, porque hasta entonces, hasta hacía muy poco no podían votar las mujeres.
R- No, nada, ¡Me acuerdo yo cuando votó la tita por primera vez!
P- ¿Cuándo votó la tita por primera vez?
R- Pues vivíamos en Pinos Puente, antes de la guerra.
P- ¿En esas elecciones antes de la guerra?
R- Antes de la guerra, votó. Que mi madre, por cierto, no votó, dijo que no iba.
P- Pero que no quiso ir por...
R- Que no quiso ir, dijo que no, mi padre dijo: “Bueno, tú haz lo que quieras. Niña, ¿tú quieres ir? Pues venga, vamos” Y la tita se fue a votar con él.
P- ¿Y te dijeron a quien votaron o qué votaron? Porque tú eras una niña.
R- Era una niña y no lo sé, no me dijeron nada, no. Pero si que me ha gustado mucho siempre saber... indagar.

...continuará

Los últimos Reyes: "Las aventuras maravillosas de Pipo y Pipa"
















... de memoria lo cuento I

TRASCRIPCIONES DE LAS CONVERSACIONES CON
CARMEN SÁNCHEZ CARREÑO,
HIJA DE JOSÉ SÁNCHEZ CASTILLO.
GRABADAS DURANTE EL OTOÑO DEL 2008 POR SU HIJO
MANUEL MIGUEL MATEO SÁNCHEZ.



Advertencia a los lectores:
Estos son, ni más ni menos, que los recuerdos de una niña de nueve años contados por ella misma setenta y dos años después, es pues un relato en el que la memoria juega un papel importante, la niñez y la vejez son los momentos en los que nuestra memoria es más frágil, pero como alguien, acertadamente dijo: “La memoria es el corazón del hombre”.



Pregunta - ¿Por dónde empezamos? Mejor presentarte tú, cuando naciste ¿En Pinos Puente? ¿No?
Respuesta - Soy Carmen Sánchez Carreño, voy a cumplir ochenta y dos años en enero. Mi padre fue José Sánchez Castillo y mi madre Carmen Carreño Berruguilla, tenía tres hermanos que ya no viven y yo soy la única que vivo de esa familia. Tengo cuatro hijos, cuatro sobrinos, tres nietos… y espero tener alguno más. Nací en Pinos Puente, el 19 de enero del mil novecientos veintisiete.
P- O sea, que cuando murió el abuelo ¿Tenías?
R- Yo... cuando yo nací, él tenía treinta y siete años… y yo nueve…
P- Él... creemos, porque no sabemos la fecha segura.
R- No, la fecha no, pero que por lo que él pone ahí, en ese papel.
P- ¿En el de inscribirte a ti?
R- Eso es.
P- Si tenía cuarenta y siete ¿Tú tenías entonces?
R- No, treinta y siete.
P- Treinta y siete cuando tú naciste.
R- Sí.
P- Y cuando él murió, tú tenías nueve años.
R- Nueve años.
P- ¿Nueve cumplidos ya?
R- Sí, porque yo los había cumplido en enero, y eso fue en agosto.
P- O sea, que ibas para los diez.
R- Claro, como está ahora tu sobrina María, bueno, María ya los ha cumplido.
P- ¿Y tú naciste en Pinos Puente?
R- En Pinos Puente, en la calle Fajardo… del número no me acuerdo.
P- ¿Y esa era la misma casa donde vivíais… cuando…?
R- No, era una casa pequeña, era pequeña y entonces ya nos fuimos a una casa que había justo al lado del Ayuntamiento, que ahora la han echado abajo… ahora, ahora, bueno en Navidad.
P- Entonces ¿Ya no está la casa?
R- No, ya no está la casa. En Navidad fuimos nosotros a ver el Nacimiento que pone, ese… Albertico, en Pinos Puente, y le pregunté por su hermana, que yo creía que era su hermana y me dijo que era su tía, que era amiga mía, Virginia Sánchez Osuna, que estaba conmigo en el colegio. Y me dijo: “No, esa es mi tía, que tiene ya ochenta y un años”, ¡Claro si era de mi edad! Le dije que me gustaría pasar por la casa donde yo vivía y me dijo que dónde era, le dije: “Justo al lado del Ayuntamiento” Y me dijo: “Pues ésa la han echado abajo”.
P- Entonces, ¿os mudasteis de ésa? Las dos casas que tuvisteis… ¿Eran en la calle Fajardo y la otra la de al lado del Ayuntamiento?
R- Sí.
P- Que es en la que vivíais cuando el abuelo murió.
R- No, ya después nos fuimos a otra.
P- Pero, ¿cuándo murió el abuelo vivíais en esa de al lado del Ayuntamiento?
R- No, nos habíamos ido hacía tres o cuatro meses.
P- Mamá ¿Y eso por qué?
R- Porque no le gustaba a él, porque como la tita ya era mayor, que como ya la tita estaba ya hecha una mozuelilla y eso, pues no le gustaba al abuelo, no le gustaba porque abajo estaba el Casino, de los señoricos del pueblo, y a él no le gustaba que tuviera que pasar mi prima, que era mayor que yo tres años, mi hermana, y todo eso… que tuviéramos que pasar por donde… porque las escaleras eran, justo eran, era una casa que tenía las escaleras justo enfrente de la puerta de entrada, y claro, el Casino estaba en el bajo, nosotros vivíamos en el primer piso y había que pasar, pues por donde estaban los hombres, que allí en los casinos estaban nada más que hombres. Entonces a él pues no le gustaba eso, decía: “Hay que ver, que las niñas tienen que estar pasando por donde están”, entonces nos fuimos a una casa que ya era entera para nosotros y era en la misma calle Real, pero bastante más lejos, pero que ya no me acuerdo yo del número ni nada, porque vivimos unos meses.
P- ¿Cuánto tiempo más o menos estuvisteis en esa casa? ¿Cuánto tiempo antes de la fecha en que murió el abuelo en el 36?
R- Tres o cuatro meses nada más. Y ya de aquí nos vinimos a Graná.
P- ¿Y esas casas? La primera, la de la calle Fajardo, la segunda y la tercera, esas casas ¿Las compró el abuelo?
R- No, entonces las casas eran alquiladas, las casas eran alquiladas.
P- ¿Habrían casas vacías?
R- Claro que había casas vacías, para irte donde te diera la gana.
P- ¿Y el abuelo no tenía ninguna?
R- No, porque las casas en los pueblos las tenían los que eran del pueblo, pero él no era del pueblo, él estaba en Melilla.
P- ¿Dónde nació el abuelo?
R- El abuelo nació en Dílar, pero ya cuando se pusieron más mayores y eso, eran dos hermanos, pues se vinieron a la calle San Antón a vivir.
P- ¿Los dos?
R- El padre, la madre, bueno, la madre no, la madrastra… no, bueno entonces vivía la madre. La madre, el padre y ellos dos.
P- ¿Mi tatarabuela?
R- No, tu bisabuela, Felisa. Y se vinieron a vivir a la calle San Antón, y el padre estaba de dependiente en una tienda que había en Plaza de Bibarrambla que le decían La Llave de Oro.
P- Esa ferretería ha estado hasta los años ochenta, más o menos. Estaba haciendo esquina con la calle que hay por encima de la calle Salamanca.
R- Eso es, ahí es donde trabajaba mi abuelo, tu bisabuelo. Y entonces pues se vinieron allí y mi tío, el hermano del abuelo trabajaba en Los Menas, una tienda que hay en la Plaza de las Pasiegas, que hace esquina, que desde allí es dónde nosotros veíamos las procesiones del Corpus y de todas esas cosas. Allí veníamos a ver las procesiones, entonces resulta que mi padre se fue a trabajar a Melilla, y allí conoció a mi madre.
P- ¿Por qué se fue a Melilla? ¿Conocía a alguien?
R- Pues no lo sé, ¿sería por alguien de la Fábrica Carbonell misma? Y luego se vino a Pinos Puente, como mi madre era malagueña, pero mi madre se había quedado sin padre ni madre, la había acogido una tía suya que era profesora en partos.
P- ¿Profesora en partos? ¿Eso qué es?
R- Pues, matrona, eso le decían entonces: profesora en partos. Y ésa fue la que crió a mi madre con cinco años y a su hermano que tenía tres, se criaron en Melilla. Y cómo mi padre se fue allí, ya no sé yo si es que fue a hacer el servicio militar… Es que no lo sé, eso no lo sé.
P- Eso no lo podías tú saber, lo sabrás por lo que has escuchado después ¿No?
R- Eso es, lo he oído después, entonces pues resulta que allí se conocieron y ya le salió esta colocación en Pinos Puente, en la Fábrica Carbonell.
P- ¿La fábrica de aceites?
R- De orujo, de orujo y aceites. Y se vinieron allí, entonces resulta que ya se vinieron a vivir, y vinieron a vivir a la calle Fajardo, y allí nació mi hermana a los dos días de venir.
P- Pero ¿No sabemos cuando nació el abuelo?
R- No, además no tenemos ninguna partida de nacimiento, lo podemos imaginar ¿No?
P- Sí, para saber exactamente la edad que tenía, porque de lo que tenemos, lo único que nos ayuda es el escrito que hizo el abuelo cuando tú naciste, y que lo vamos a grabar ahora: “La niña Carmen Sánchez Carreño, nació el día 19 de Enero de 1927, a las cinco de la mañana en la calle Fajardo en Pinos Puente, es hija legítima de José Sánchez Castillo y Carmen Carreño Berruguilla, de treinta y siete y treinta y cinco años respectivamente. Él, natural de Granada y ella de Málaga, los abuelos paternos, José Sánchez Molina y Felisa Castillo Gómez, ambos difuntos, y los abuelos maternos, Fernando Carreño Pavón y Ana Berruguilla García, ambos difuntos”
Porque los abuelos ya habían muerto cuando tú naciste, y esto lo firman en Pinos Puente el 20 de Enero de 1927.

... continuará.

De su puño y letra

El borrador que escribió el abuelo para la inscripción en el registro, de su hija Carmen, nuestra madre. Aparecen los datos de sus abuelos.









La niña Carmen Sánchez Carreño, nació el día 19 de
Enero de 1927, a las cinco de la mañana en la calle Fajardo en Pinos Puente,
es hija legítima de José Sánchez Castillo y Carmen Carreño Berruguilla,
de 37 y 35 años respectivamente. Él, natural de Granada y ella de Málaga,
los abuelos paternos, José Sánchez Molina y Felisa Castillo Gómez, ambos difuntos,
y los abuelos maternos, Fernando Carreño Pavón y Ana Berruguilla
García, ambos difuntos.

Pinos Puente 20 Enero 1927




El abuelo y su familia

Nuestro abuelo con sus hijos y esposa: Pepe (detrás de él), Carmen (en sus piernas), Antonio (en el centro) y Dolores (detrás de nuestra abuela Carmen Carreño Berruguilla)

El abuelo y su gente en Pinos Puente

El abuelo torero divirtiendose

El abuelo en su juventud

Una copia de esta fotografía del abuelo la tenemos firmada por él: "Recuerdo del cariño que os profesa vuestro hijo y hermano Pepe. Melilla, 4 de Diciembre de 1912.